En el poder y en la enfermedad El Mié, 06 de Marzo de 2013, 03:31 am, por Pedro Alonso

En la primera Consejería de este año me referí al impacto que la eventual muerte de Hugo Chávez podía tener en el ámbito regional.

Como escribí entonces, la influencia de Venezuela en algunos países latinoamericanos había venido siendo importante por el suministro de petróleo y por la transferencia de recursos financieros, al grado que se había convertido en puntal de la estabilidad política y económica de los gobiernos, pero también de algunos grupos de interés que ligados a los círculos de poder en aquellos países han lucrado a partir del flujo financiero venezolano.

La muerte de Hugo Chávez pone en duda la continuación de esta situación, pues es probable que a falta de este personaje las fuerzas políticas, tanto de oposición como las que se encuentran al interior del gobierno, empiecen a luchar por su lugar en la mesa del poder venezolano y quizá difieran de las prácticas que se enraizaron en la vida de aquel país. Más de uno debe estar preocupado en Nicaragua, Bolivia, Ecuador y Cuba.

A propósito de lo anterior, ayer empecé a leer En el poder y en la enfermedad, de David Owen, médico y político inglés, quien fuera secretario de Asuntos Externos de Gran Bretaña en la década de los setenta en el siglo pasado, así como miembro del Parlamento de su país. El libro habla de la relación entre la salud de los líderes políticos y el ejercicio del poder y de cómo esta interacción influye en las decisiones que afectan a la vida de la sociedad.

Desde luego no sólo trata de las enfermedades físicas, sino de las afecciones emocionales que quienes se ven investidos de poder padecen a consecuencia de ello.

En otro orden de cosas, ayer el índice Dow alcanzó un nuevo máximo histórico, al cerrar en 14 mil 253.70. No deja de ser un dato importante, pero no es más que la continuación del movimiento alcista que como usted sabe, amigo lector, inició desde marzo de 2009. Aunque el S&P 500 no ha logrado superar el cierre de mil 565.15, del 9 de octubre de 2007, está cerca de ello y por la pinta que tiene lo alcanzará pronto; le falta 1.65% para ello, considerando el cierre de ayer.

Los máximos históricos suelen convertirse en elementos importantes en el análisis del comportamiento de los precios; en ocasiones se convierten en zonas de oferta poderosas que detienen el avance de los precios durante algún tiempo, a veces por largo tiempo.

Pero cuando son superadas resultan en algo así como el “banderazo de salida” de un movimiento alcista. Después se convierten en soportes o zonas de demanda igualmente poderosas, que detienen los movimientos bajistas.

Como están las cosas hoy, me refiero a que el alza parece no encontrar razón para detenerse, los máximos históricos al ser rebasados pueden ser una buena oportunidad para comprar cuando los precios regresen a buscar la zona que los detuvo.

En el caso del IPC mexicano, sin que muestre la agresividad que los índices estadunidenses, ha empezado a intentar regresar a una trayectoria alcista después de haber bajado 6% (debajo de los 43 mil 500 que supuse podía llegar) desde lo que hoy puede decirse es su máximo histórico. Antes de llegar a ello, se topará con algunos obstáculos, el primero visible en 44 mil 730.

En este espacio he compartido con usted mis ideas de operación. Así, sabe que a principios de  año me mantuve al margen, para después decidir participar con una parte relativamente pequeña (30%) de la liquidez disponible (que era mucha, lo que causa urticaria) pensando en una posible baja, que fue la del 6% al que me referí antes.

Así que ahora decidí, pese a todas mis dudas, comprar otro tramo, algo así como la mitad de lo que resta de liquidez, pues no voy a decirle que no a lo que todos los días ocurre.

Los próximos días escribiré desde Nueva York, pues quiero asistir al Mexican Housing Day, evento que se lleva a cabo desde hace diez años y en el cual el sector de desarrollo de vivienda toma contacto con el mercado. También comparece el gobierno en turno. Ahora es de particular interés por la nueva condición de la regulación. Suerte.

Pedro Alonso
Pedro Alonso

Columnista de Excélsior.

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