Pues no. Aparentemente la solución no es aceptar el rescate de la Unión Europea (UE), el Banco Central Europeo (BCE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI). Al menos es lo que trasluce de la decisión que ayer tomó el parlamento de Chipre. No hubo ningún voto a favor de la medida de gravar los depósitos bancarios, con lo que implícitamente se rechazó el plan de rescate propuesto.
La votación fue de 36 votos en contra y 19 abstenciones. Nadie quiere apoyar aquello que su sociedad considera una injusticia y un engaño. Hubo intentos —y habrá— de modificar la medida tratando de proteger más a los depositantes de menor tamaño, concentrando la medida en los depósitos superiores a 100 mil euros y algunas otras combinaciones que incluían el que los depósitos de hasta 20 mil euros no fueran gravados.
Pero nada dio como resultado que los políticos votantes dieran su apoyo a la medida que el sábado pasado por la mañana había sido aceptada por el presidente Nicos Anastasiades. Entre otras cosas porque la variante de gravar los depósitos de montos altos afectaría más a los inversionistas extranjeros, sobre todo a los rusos, con quienes se pretendería extender las condiciones de pago de un crédito de 2.5 mmde y conseguir ahora algo más de fondeo para tratar de suplir al que eventualmente no obtendrían de la “troika” al no aceptar el plan propuesto por esta.
Se habla que se pretende acudir al Gazprombank, el brazo financiero del gigante ruso de la energía, Gazprom. Para conseguir recursos y capitalizar al menos a uno de los dos grandes bancos chipriotas —Laiki—, que es el segundo banco comercial de ese país- y que está en condiciones de insolvencia, situación que seguramente el primer banco —el Banco de Chipre— comparte o está cerca de hacerlo. En cualquier caso, más allá de una posible capitalización, los bancos chipriotas tienen que enfrentar el problema de la iliquidez, ya que seguramente ahora nadie les presta en el mercado interbancario y entonces, la forma de remediarlo es con continuas y baratas aportaciones del BCE, que seguramente pondrá condiciones nuevas para hacerlo, dado el rechazo del plan de rescate (del que forma parte). Por lo pronto el servicio bancario seguirá cerrado hasta el jueves, lo que incrementa la incertidumbre en los depositantes y en todos los demás.
La crisis de la banca en Chipre ha tenido un impacto relativamente modesto en los mercados accionarios. Como he escrito en días pasados, hasta puede ser un buen pretexto para vender y tomar utilidades o bien para aprovechar precios que pensamos ya no veríamos en algunos instrumentos y que por esta coyuntura, vuelven a presentarse. El oro brilla más (llegó a mil 613 dólares la onza; hace una semana estaba en mil 575 dólares) y el euro retrocedió a 1.28 por dólar, su menor nivel desde diciembre pasado. Las autoridades en Europa insisten que el caso de Chipre es “único y excepcional” por lo deteriorado de su sistema financiero y que harán lo que sea necesario (seguro recordando las palabras de Mario Draghi, presidente del BCE) para proteger a los depositantes de la banca europea. Lo mismo dijeron cuando el sector privado tuvo que tomar parte de la pérdida en los bonos griegos, cuando las negociaciones sucedieron en ese país, el año pasado.
Una vez más se está minando la confianza del público en el sistema financiero europeo y más de uno debe estar pensando en que la crisis del euro es algo que no está concluido de manera alguna. Asimismo, también se debe estar cuestionando las medidas que se han venido instrumentando en la UE para tratar de estabilizarle y regresar al crecimiento, sobre todo cuando en Estados Unidos, si bien las cosas no están en esplendor, crecen y parece que hasta mejoran y cuando en Japón un nuevo gobierno ha decidido abandonar la ortodoxia para encontrar respuestas a su parálisis de décadas. Y en Alemania… hay elecciones este año. Suerte.

