Viene competencia en gasolineras con reforma energética

Fotoarte: Julio Grimaldo

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CIUDAD DE MÉXICO.- La comercialización al menudeo de combustibles a través de estaciones de servicio generará en todo el mundo, para el año 2015, ingresos por más de dos trillones de dólares, que se repartirán las diez principales empresas petroleras del orbe, de acuerdo con la firma de consultoría MarketLine.

Sin embargo; el mercado mexicano ha estado fuera del reparto de este gigantesco pastel por parte de los grandes jugadores petroleros globales que desarrollan estrategias de penetración de mercados basadas en precios, servicio, rentabilidad de negocios inmobiliarios y vinculación con el sector comercial vía tiendas de conveniencia.

Pero esta situación podría cambiar pronto en el país. De aprobarse una reforma al sector de la energía, la venta de gasolinas a detalle, que desde hace 75 años se ha distinguido por el color verde bandera en todas las gasolineras bajo la marca Pemex, podría cambiar por primera vez a estaciones de servicio pintadas con una multitud de colores distintivos de gigantes como Exxon, Chevron, Mobil, Shell, Sinclair, British Petroleum y Texaco; en un signo de que la competencia por los consumidores de combustibles ha comenzado en México.

Las propuestas de reforma energética elaboradas por el Partido Acción Nacional (PAN) y el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y que actualmente se ‘cocinan’ en el Senado de la República, plantean un giro de 180 grados al artículo 27 constitucional para permitir a la iniciativa privada las prácticas de explotación y manejo de los recursos del subsuelo, y que hoy son propiedad exclusiva de la Nación.

Entre otros cambios, la reforma que impulsa el presidente Enrique Peña Nieto daría paso a una inédita apertura del mercado para la venta y distribución de gasolinas en México y, por lo tanto, a la disolución del monopolio petrolero que desde la expropiación de la industria en 1938 ha controlado la distribución de gasolinas, su venta y hasta las ganancias de los franquiciatarios en las estaciones de servicio de  Petróleos Mexicanos (Pemex), la mayor paraestatal del país.

Así, la reforma al sector de la energía promete a las grandes petroleras del mundo el paquete completo: inversiones y proyectos de exploración, producción y refinación de productos petrolíferos; pero también la venta de esos combustibles en miles de gasolinerías del país que ahora competirían en serio –por primera vez– por los consumidores.

El consumidor elige

Para azuzar el interés del capital foráneo, el titular de la Secretaría de Energía, Pedro Joaquín Coldwell, delineó ya el nuevo escenario de aprobarse los cambios constitucionales.

En primer lugar se presentaría la operación de gasolinerías que no pertenezcan a la franquicia Pemex porque con las modificaciones constitucionales se levantaría el veto a la participación privada, con lo que por primera vez en los últimos 70 años el consumidor tendría la posibilidad de decidir a qué empresa comprar gasolina y, sobre todo, a qué precio.

Para ello, en la reforma secundaria del nuevo marco legal será clave la definición sobre eventuales importaciones de gasolina. También debería establecerse si las inversiones en plantas refinadoras estará condicionada a la posibilidad de vender gasolina en el mercado interno.

El director general de la consultoría MexEnergy, Severo López-Mestre Arana, aseguró que para lograr una apertura efectiva del mercado, la ley reglamentaria debería ocuparse de normar  el desarrollo urbano, planear la ubicación estratégica de gasolinerías, resolver quién y cómo se proveerá el suministro del combustible, quién expedirá y regulará las nuevas concesiones para la distribución del combustible, y cómo se distribuirá el insumo, si será a través de Pemex o en transporte de particulares.

Apertura, cuestión de costos

El especialista en el sector energético señaló que un punto crucial en la discusión de la reforma energética será que no se pierda de vista el objetivo final de la apertura de mercados, que es ofrecer un servicio de calidad y menor costo a los consumidores.

De esta forma la competencia irrumpiría en el imperio monopólico de gasolinerías que, hasta ahora, ha controlado Pemex mediante el sistema de franquicias.

Actualmente la paraestatal reporta la operación de diez mil 564 estaciones de servicio en el territorio nacional, que distribuyen diariamente 187 millones de litros de combustible, equivalentes a dos mil 500 millones de pesos al día, 840 mil millones de pesos anuales y una generación de 400 mil empleos.

Negocio de unos cuantos

Entre los dueños de estas franquicias figuran, además de empresarios mexicanos, políticos cuyas familias han recibido por parte de Pemex la autorización para operar estaciones de servicio para la venta de gasolinas.

El propio titular de la Secretaría de Energía, Pedro Joaquín Coldwell, es accionista en al menos cinco grupos empresariales que operan estaciones de servicio en el territorio mexicano.

Esta información es pública a través de los informes que Pemex presenta periódicamente al mercado de valores porque el secretario de Energía es presidente del Consejo de Administración de la petrolera.

El responsable de la política energética del país también aseguró que las compañías petroleras con participación en refinerías podrían comercializar sus productos en el mercado mexicano para que los consumidores elijan libremente a las compañías a las cuales comprarán el combustible. Se trata del modelo de negocios conocido como estaciones de servicio de marca, en donde la empresa que refina los productos petrolíferos también le vende al consumidor final.

 

Debilidad en la refinación

Durante los foros de debate sobre la reforma energética organizados por la Cámara de Senadores, que concluyeron en octubre pasado, Pablo González Córdova, presidente de la Asociación Mexicana de Empresarios Gasolineros (Amegas) expresó la preocupación de los franquiciatarios de Pemex porque la apertura podría sacarlos del mercado.

El argumento de González es que los franquiciatarios de la paraestatal no podrán competir con la calidad de los combustibles que pueden ofertar empresas transnacionales como Chevron, Texaco, British Petroleum, Exxon Mobil o Shell porque su único proveedor, Pemex, no puede resolver en el corto plazo su fuerte rezago en materia de refinación.

Debilidad estructural

El presidente de la Amegas criticó que el país tenga tan sólo seis refinerías, mientras que Estados Unidos cuenta con 160. En México la refinería más moderna, Cadereyta, se construyó hace 30 años. Mientras que las transnacionales cuentan con sus propias refinerías, el gobierno acaba de anunciar que en alrededor de cuatro años construirá una planta desulfuradora que eliminaría el azufre de 83 mil barriles diarios de gasolina, alrededor de siete por ciento de lo que el país consume al día, un millón 222 mil barriles.

En otras palabras, Shell, Mobil y Texaco venderán gasolinas verdes, sin azufre, de mejor octanaje y los franquiciatarios de Pemex, gasolinas que no cumplen con las normas oficiales, sostuvo González.

Empleos en riesgo

Una segunda situación de inequidad para los franquiciatarios frente a las transnacionales que expuso González son los costos de operación de sus estaciones, que en 70 por ciento se destinan al pago de salarios, seguridad social y prestaciones laborales de sus operadores, en contraposición con las transnacionales, que se ahorran esos gastos porque cuentan con despachadoras automatizadas operadas por un trabajador por turno. El presidente de la Amegas sostuvo que esta inequidad competitiva podría derivar en el despido masivo de empleados gasolineros.

En tanto los franquiciatarios se quejan por la apertura, académicos y especialistas señalan las transformaciones que debe incluir la reforma si se quiere ser competetitivo.

 

Por libre mercado y freno a los subsidios

A casi dos décadas de que la Comisión Federal de Competencia (CFC) dio su primer paso para frenar los abusos regulatorios que impedían el libre mercado firmando un convenio con Pemex para retirar obstáculos que frenaban la inversión y la competencia, ahora la probable reforma a los artículos 25, 27 y 28 de la Constitución aceleraría la lucha por ese mercado entre capitales privados.

La intención sería ofrecer a los consumidores mejores precios que, en este momento, dependen del subsidio a los combustibles que otorga la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) y de las reglas que impone Pemex, el único proveedor de gasolinas del país que por su limitada capacidad de refinación importa 51 por ciento de las gasolinas, 30 por ciento de gas natural, 28 por ciento del gas LP y 76 por ciento de los petroquímicos que provee al mercado interno.

Precios y subsidio

El subsidio a las gasolinas superó 220 mil millones de pesos en 2012, cuatro veces más que los recursos destinados a Oportunidades, programa de combate a la pobreza implementado desde el sexenio del presidente Carlos Salinas bajo el nombre de Solidaridad.

De esta forma, la respuesta a si los consumidores gozarán de precios más bajos es una moneda que está en el aire.

En una de las caras está plasmada la posibilidad de liberar los precios de las gasolinas para que los fijen, tanto el mercado global como la oferta y la demanda interna.

En la otra posibilidad se baraja continuar con los subsidios.

En 1994, cuando la CFC  solicitó a Pemex retirar barreras que frenaban la competencia al imponer condiciones restrictivas a la venta de otros productos en las estaciones de servicio, se generó un auge de nuevas inversiones con más de 400 nuevas estaciones de servicio en todo el país, más de las que Pemex había instalado entre 1991 y 1993.

A partir de entonces las franquicias registraron un crecimiento sostenido.

Según las estadísticas del sector, de 1992 a 2013 el país pasó de tres mil 221 estaciones de servicio a diez mil 564 unidades. Un incremento de más de siete mil 300 gasolinerías en una década.

De hecho, para junio de este año ya se encontraban en proceso de construcción otras 617 gasolinerías adicionales.

Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) aquella primera manifestación de competencia en las estaciones de servicio confirmó que las grandes multinacionales petroleras estaban interesadas en ese mercado.

Sin embargo a partir de ese momento también quedó al descubierto que si bien la inversión extranjera no estaba dispuesta a jugar con las reglas que imponía Pemex –comprar sólo la gasolina que importaba y refinaba la paraestatal– tampoco estaban dispuestas a perder tiempo en espera de la apertura.

Padrón

En 2004, Pemex reveló que había identificado entre 80 y 120 estaciones que en sus actas constitutivas exhibían la participación de empresas extranjeras, situación que claramente contravenía las disposiciones de la Constitución, según las declaraciones del entonces director de Pemex-Refinación, Juan Bueno Torio.

Las investigaciones se dirigían en ese momento contra British Petroleum y su incursión en el capital de estaciones de servicio.

La búsqueda de información sobre la simulación en la que estaban incurriendo propietarios de franquicias de Pemex asociados con empresas extranjeras, llevó a que la empresa petrolera mexicana buscara información en la Bolsa de Valores de Nueva York en donde sí se tenía que revelar cualquier inversión que se realice en este sector.

 

Control de precio, limitante

Para Miriam Grunstein Dickter, profesora del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), especialista en el sector energético mexicano, dijo que el control de precios de la gasolina es la primera cuestión que tendría que eliminarse para posibilitar la libre competencia de ese mercado.

De otra manera, cuestionó la investigadora del CIDE, “¿qué sentido tendría (abrir una estación de servicio) si el único proveedor es Pemex?

Si las competidoras importan gasolina a precios de mercado y luego compiten contra gasolinas en territorio nacional a precios controlados no les saldrán los números, entre otros factores porque en México la gasolina tiene un precio 20 por ciento menor al del mercado internacional, entonces ¿para qué importarla?

Riesgos y debilidades

Grunstein observó como uno de los riesgos de la apertura el hecho de que Pemex no cuente con la capacidad de refinación que sí tienen trasnacionales como Exxon, Shell o Chevron, cuya infraestructura propia les permitiría ofertar combustible a menores costos que la paraestatal.

“Pemex es un organismo cansado, con un pasivo laboral en materia de pensiones gigante, un contrato colectivo de trabajo extenuante y una carga fiscal atormentadora.

¿La meterán a competir con organismos internacionales que tienen mecanismos de financiamiento distintos: mucho outsourcing, sin excesivas cargas laborales, es decir, esas empresas no tienen el peso del país sobre sus hombros? ¿Va a aguantar?”, se pregunta la académica.

Riesgo laboral

Benjamín Torres Barrón, socio de la firma Baker & McKenzie, comenta que el riesgo de que Pemex no compita a la altura de las trasnacionales es que puedan desaparecer sus estaciones de despacho de combustible y con ello un considerable número de empleos en el país, si tomamos en cuenta que actualmente existen más de diez mil estaciones a lo largo y ancho del país.

Sin embargo, a diferencia de Grunstein, el socio de Baker & McKenzie piensa que el subsidio al precio de las gasolinas de las franquicias de Pemex no sería un freno para que otras marcas de estaciones de servicio pudieran competir por el mercado.

Para Torres Barrón el atractivo de las nuevas marcas de gasolinerías podría no estar en el precio del energético sino en la calidad y variedad de gasolinas que pudieran distribuir, así como en ofrecer servicios a los clientes.

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