La rentabilidad del salario mínimo

El presidente del PAN considera que el debate del tema se ha planteado sin un afán populista

Tengo la seguridad de que si hago una consulta pública en donde pregunte: ¿Usted tiene derecho a ser feliz? Salvo algún filósofo, prácticamente todas las personas contestarán que sí y entonces podría decir que las mayorías respaldan mi propuesta del derecho a la felicidad. La naturaleza de la pregunta que busca plantear el PAN con respecto a los salarios mínimos es igual de burda y hueca que preguntar si debemos tener derecho a ser felices.

El debate de los salarios mínimos planteado por Gustavo Madero, presidente del PAN y antes por el jefe de Gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera, es impecable en la generación de una mayor rentabilidad, lo único malo es que dicha rentabilidad no será para los trabajadores o las empresas, será para los políticos. 

En la semana que termina entrevisté a Gustavo Madero y le pregunté si no podríamos derivar hacia una situación populista y me contestó que el debate se ha planteado en Estados Unidos y en Alemania, sin ese afán.

En la Unión Americana se han aprobado incrementos al salario mínimo a nivel estatal y, por decisión de Barack Obama, se dio un aumento que  aplica únicamente a los empleados del gobierno federal.

En el caso de Estados Unidos el debate y propuesta de aumentar el salario mínimo fue planteado por los Demócratas con la obvia intención de atraer a un mayor número de simpatizantes a las urnas para las próximas elecciones intermedias dado que 43% de los distritos electorales del Congreso tiene votantes con ingresos inferiores a 20 mil dólares al año. Esto armoniza con una discusión de fondo con respecto a la concentración de la riqueza que se ha agudizado desde la crisis de 2008.  

La propuesta de un aumento del salario mínimo a escala nacional en EU tiene pocas posibilidades de seguir adelante por la oposición del Partido Republicano, aunque varios premios Nobel de Economía han respaldado la iniciativa bajo el argumento de que la demanda agregada que generaría un aumento generalizado de los salarios impulsaría a la economía con un impacto limitado en la creación de empleos.

En el caso de Alemania la aprobación del salario mínimo en su componente político responde a la necesidad de la canciller Angela Merkel de la Unión Demócrata Cristiana (CDU) para cumplir acuerdos con el Partido Social Demócrata (PSD) con el que formó una coalición que le permitió mantenerse en el liderazgo y se da ante la lógica de que algunos sectores de la sociedad alemana han quedado con la capacidad de tener mejores salarios en comparación con una buena parte de la fuerza laboral que se encuentra agremiada en sindicatos. Además, Alemania puede permitirse establecer un salario mínimo debido a que junto con toda la zona euro enfrenta una posible deflación. 

Productividad

La realidad de Alemania o Estados Unidos es muy distinta a la mexicana comenzando por la productividad de esas dos naciones. De acuerdo con datos de la OCDE, el Producto Interno Bruto por hora trabajada, que nos da una buena medida de la productividad del país, es de 49 dólares con 30 centavos en Alemania, mientras que en Estados Unidos es de 57.5 dólares. En contraste, México se encuentra al final de la tabla del organismo con 15.1 dólares por hora trabajada por debajo de otras naciones como Chile con 19.5 o Turquía con 21.9 dólares.

Desafortunadamente la hueca discusión del salario mínimo ocupará muchos espacios en la agenda pública de aquí a la elección del próximo año esquivando dos problemas económicos de fondo que urge resolver y que están vinculados: informalidad y productividad.

 

 

 

 

 

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