Se aproxima definición sobre azúcar

Los industriales mexicanos niegan que haya dumping y aseguran que el incremento de las exportaciones se debe a una mayor productividad.

Las próximas semanas serán decisivas para los productores mexicanos de azúcar porque el Departamento de Comercio de Estados Unidos emitirá la resolución sobre la denuncia por dumping que presentó en abril pasado un  grupo de productores estadunidenses en contra de las exportaciones de azúcar mexicana, que se duplicaron en los últimos dos años al llegar a dos millones de toneladas el año pasado.

La resolución de la Comisión de Comercio Internacional de Estados Unidos se esperaba para junio pasado, pero se postergó para finales de este mes. Lo que quiere la Cámara Nacional de la Industria Azucarera, que preside Juan Cortina, es evitar que impongan cuotas compensatorias a las exportaciones mexicanas y que se llegue a un acuerdo similar al que se logró en el caso del tomate.

Desde luego los industriales mexicanos niegan que haya dumping y aseguran que el incremento de las exportaciones se debe a una mayor productividad de los ingenios mexicanos y a la baja de los precios a nivel internacional.

El problema es desde luego el Tratado de Libre Comercio de América del Norte que no se puede renegociar o abrir para un sector en específico porque se abriría auténticamente la caja de Pandora. Lo que se busca es un acuerdo similar al que se logró en el caso del tomate que —sin abrir el TLCAN— los productores mexicanos aceptaron incrementar los precios de venta del tomate mexicano en Estados Unidos y evitaron que se impusieran cuotas compensatorias que tardan años en eliminarse.

En el caso del azúcar, los mexicanos confían en ganar el caso porque no se vende el azúcar debajo de su precio de producción y sería muy difícil que el gobierno de Estados Unidos pruebe daño para su industria. Sin embargo, el caso se complica por el subsidio a la operación de FEESA, los Fiden el caso del subsidio a la industria está el caso de contrabando.

Coparmex fija postura sobre salarios mínimos

Juan Pablo Castañón, presidente de la Confederación Patronal de la República Mexicana, acompañado de Tomás Natividad González, presidente de la Comisión de Asuntos Laborales, fijarán hoy su postura sobre el tema de los salarios mínimos, debate que inició el jefe de Gobierno, Miguel Mancera, y que retomó con fuerza el PRD justo antes de que arranquen las pre campañas por las elecciones de 2015.

Castañón ha declarado en varios foros que el sector privado reconoce la pérdida del poder adquisitivo de los salarios mínimos en los últimos 30 años, pero pide incrementos salariales ligados a la productividad de las empresas y o aumentos generalizados por decreto.

Por su parte, Mancera asegura que a fines de este mes presentará su propuesta para incrementar el salario mínimo en la Ciudad de México por lo menos en 15% para llegar a 80 pesos diarios y desvincularlo como unidad de medida para pagos de multas, recargos, derechos, etcétera.

Mancera insiste en aumentar el mínimo en 15% no es una medida inflacionaria porque muchos trabajadores ganan el mínimo, y que habrá estímulos para las pymes en los pocos impuestos que cobra el gobierno capitalino, como el de nómina.

A reserva de conocer la propuesta de Mancera a la que seguramente se referirá hoy Castañón es que un incremento al mínimo de 15% generaría incrementos salariales en cascada elevando el costovv laboral y de producción de las empresas que sí repercutirían en una mayor inflación.

Aunque en el Distrito Federal se modifiquen leyes locales para desvincular el salario mínimo del pago de sanciones y cambiarlos a udis se generarían múltiples amparos y problemas si no se aplica la misma medida a nivel nacional y se corre el riesgo de fomentar una mayor informalidad.

Lo que es un hecho es que tanto Mancera, como el PRD y el PAN, con su propuesta de consulta laboral, insistirán en la exigencia de elevar el salario mínimo porque la realidad es que sí tenemos en México uno de los niveles más bajos de salarios mínimos en América Latina, sí ha perdido su poder adquisitivo en los últimos 30 años, sí es insuficiente para cubrir las necesidades mínimas de una familia y sí somos uno de los países más desiguales de la región.

El reto es cómo elevar los mínimos sin generar inflación y cómo vincularlos a la productividad con tantas empresas informales.

 

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