¿Y el Congreso mexicano?

El Vie, 22 de Enero de 2016, por José Manuel Suárez-Mier
José Manuel Suárez-Mier
José Manuel Suárez-Mier

Columnista de la sección Dinero del periódico Excelsior.

El Parlamento británico debatió al principio de esta semana la opción de vetar el ingreso al Reino Unido al impresentable precandidato a la Presidencia de EU, Donald Trump, por su ofensivo discurso contra mexicanos, musulmanes, mujeres, lisiados, medios, y cualquiera otro que se le ocurra al azar.

Seguí por internet parte de esa sesión y fue para mí una bienvenida catarsis oír los bien presentados alegatos de los representantes populares del Reino Unido contra Trump, ilustrando el punzante sentido del humor británico con el que hicieron un espléndido asesinato verbal de su siniestra persona.

Los demoledores ataques de los parlamentarios británicos le molestaron a tal grado al bufón, quien étnicamente es descendiente de escoceses, que amenazó con cancelar cuantiosas inversiones en nuevos clubes de golf que llevan su nombre en Escocia y que, según él, suman más de mil millones de dólares.

Vale la pena subrayar que el Parlamento británico carece de facultades para negar el ingreso a su país a ninguna persona, prerrogativa de las autoridades migratorias del gobierno, y que el debate culminó con la declaración de sus representantes antiTrump de que sería malo vetarlo porque ello le permitiría hacerse la víctima, papel que tanto le gusta y que lo ha ayudado a mantener su insólita popularidad.

Ésta es la principal razón por la que pienso que el gobierno de México y sus representantes diplomáticos hacen muy bien en ignorar públicamente los ofensivos comentarios del exhibicionista precandidato, pero eso de ninguna manera implica que el Congreso, y en especial el Senado de la República, no promuevan un debate censurando los insultos de Trump, como lo hizo el Parlamento británico.

Una amplia y documentada discusión de los innumerables dislates de Trump, promovida por la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, en la que participen legisladores de México y ciudadanos de reconocida autoridad intelectual y profesional, le darían una gran oportunidad a la sociedad mexicana para ventilar su enojo e irritación ante los insultos de Trump, que la han ofendido gravemente.

Por fortuna, el discurso del demagogo y su vinculación con personajes desprestigiados, como la excandidata a la vicepresidencia de EU, Sarah Palin, quien contribuyó de manera importante a que el candidato republicano John McCain perdiera decisivamente en 2008 frente a Obama, ofrecen magníficas oportunidades retóricas para denunciar el maligno y destructivo discurso de odio que vomita Trump y sus deleznables aliados.

Lo mismo que el Parlamento británico respondió a la presión de medio millón de ciudadanos que exigieron, mediante petición firmada, que se vetara la posible entrada de Trump a su país, estoy cierto que será fácil atraer la atención de millones de mexicanos dispuestos a oponerse al ingreso del ruidoso demagogo a nuestro país.

Los aliados de Trump arguyen que la libertad de expresión de su candidato no puede sujetarse a restricción alguna, mientras que en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, firmado y ratificado por México, EU y la mayoría de las naciones civilizadas, se prioriza “...el respeto a la reputación de los demás.”

A diferencia de las amenazas de Trump, de suspender sus inversiones en Reino Unido, los intentos que ha hecho por invertir en México, tanto en la Riviera Maya como en Baja California, han sido sonados fracasos, que en el segundo de los casos involucraron escándalos legales y numerosas demandas judiciales, actos deleznables en los que Trump suele tener un desempeño estelar. Estoy seguro que un debate convocado por el Congreso mexicano permitiría a la sociedad de nuestro país discutir un asunto que ha resultado hondamente ofensivo, y mostrarle a Trump y a sus aliados que no hay impunidad para quienes insulten a los mexicanos y ofendan a su gran país.

 

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