Efectivamente, el hablador cayó antes que el cojo

El Jue, 11 de Febrero de 2016, por Ángel Verdugo
Ángel Verdugo
Ángel Verdugo

Columnista en Excélsior

La llegada del nuevo director general a Pemex, y las declaraciones y reacciones de todo tipo provocadas por su nombramiento, vinieron a ratificar la justeza de lo que aquí —y en otros espacios de Grupo Imagen Multimedia— he dicho, una y otra vez desde hace bastantes meses: Pemex, tal y como está, es una entidad sin viabilidad alguna.

El perfil del nuevo funcionario es la mejor respuesta a una situación de tal gravedad, que las finanzas públicas ya reflejan los efectos negativos de una empresa en quiebra la cual, por lo que se ve, carece de la menor posibilidad de una salida racional y viable salvo, como lo he dicho, su liquidación y posterior formación de una nueva dedicada, exclusivamente, a la exploración, perforación, extracción y venta de crudo.

Hoy, la renta petrolera se ha esfumado debido, simple y sencillamente, a que el costo promedio de extracción supera o, en el mejor de los casos iguala, el precio de venta. ¿Dónde están los que hablaban del Pemex rentable que, decían, exultantes, tenía un costo de extracción del orden de los 7 a 10 dólares? ¿Se acuerda de ellos? ¿Qué dirán ahora?

El único ganador, también lo he dicho, es el gobierno federal que por el IEPS fijo autorizado por el Congreso, recibirá este año alrededor de 280 mil millones de pesos y por las coberturas, algo así como 90 mil millones. Si sumáremos estas dos cantidades, ¿podríamos afirmar que las finanzas públicas no están petrolizadas?

Las medidas a tomar a la brevedad posible, mientras se procede a diseñar los procesos de venta de los fierros viejos e inservibles que corresponden a los segmentos de Pemex que de nada sirven, salvo para perder anualmente decenas de miles de millones de pesos (como Refinación, Petroquímica y ese robo ofensivo que significó la compra de viejas plantas para producir fertilizantes), habría que reducir la plantilla en cuando menos, 70 u 80 mil trabajadores y empleados.

Los que quedaren, habría que liquidarlos y recontratarlos bajo un nuevo Contrato Colectivo de Trabajo y un Sistema de Pensiones y Jubilaciones para responder, con ambos, a la nueva realidad del país y el mercado de la energía en el mundo.

Desde mi punto de vista, tres son los problemas que podría enfrentar el nuevo director que es, no exagero, el mejor funcionario público con que cuenta el Estado mexicano en los tiempos que corren.

Uno, las presiones de Hacienda que buscarán tratarlo como hicieron con el anterior, que debió salir por la puerta de atrás. Otro, la ignorancia de no pocos sesudos analistas y dos o tres funcionarios, que no tienen idea alguna del concepto económico de la renta petrolera. Al desconocerlo, viven repitiendo los viejos clichés del saqueo de Pemex.

El tercero, fundamental diría, tiene que ver con la voluntad política del Presidente de la República, para permitir y estimular que se haga en Pemex todo lo que debe ser hecho. Al mismo tiempo, con esa misma voluntad política, ordenar a los dos o tres calenturientos que aspiran a una candidatura la cual, para uno o dos de ellos se ve muy lejana, que no le regateen al nuevo director los apoyos que va a requerir sin condicionante alguno.

¿La habrá? Veremos, diría el ciego.

 

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