Assassin’s Creed

Llega mañana la primera cinta del videojuego.

El historiador Anton Gill es un prolífico escritor británico que publica mucho, pero del que realmente se sabe muy poco.

Graduado de Cambridge en literatura inglesa, a sus 68 años lleva escrita una treintena de libros los cuales abordan acontecimientos reales como la construcción del Titanic, la vida de los judíos que sobrevivieron a los campos de concentración y la biografía de la mecenas de arte Peggy Guggenheim, aunque también ha ensayado la ficción histórica con una serie de libros de género detectivesco ambientados en el antiguo Egipto, que han sido traducidos a varios idiomas, entre ellos el español. 

Incansable viajero, sus andanzas lo han llevado a prácticamente a todos los continentes, de India a Tailandia, pasando por Túnez y Marruecos, sin faltar Turquía, Irán, Afganistán, Australia, Ecuador, Tanzania, Perú, Cuba, Costa Rica y Etiopía; conoce cada capital europea tanto como Estados Unidos. Su erudición lo ha hecho incursionar en todo tipo de temáticas: su obra abarca tanto la Segunda Guerra Mundial como la vida del corsario y explorador del siglo XVII, William Dampier, aunque también tiene un volumen dedicado al contemporáneo cantante pop Boy George y su banda Culture Club.

Todo este detalle de su vida se sabe gracias a que él mismo lo cuenta en su página web oficial, porque no existen muchas notas o reportajes que abunden más sobre su pensamiento o la forma como trabaja. Además, no todos sus textos publicados aparecen bajo su firma real, sino que tiene otros de nombres de pluma. Como Antony Cutler publicó The Accursed, sobre la Roma de Nerón, aunque una de sus épocas favoritas, la medieval, la ha podido abordar con el seudónimo de Oliver Bowden en las ocho novelas que integran la serie Assassin’s Creed.

Y es que, más allá de los múltiples objetos de interés de Gill, su mayor peculiaridad es ser el mayor –o al menos uno de los más prolíficos– exponentes del muy raro género de la literatura basada en los videojuegos. Su labor consiste en darle estructura narrativa y cierto rigor histórico al universo imaginado en la saga para consolas lanzada desde noviembre de 2007 por la desarrolladora francesa Ubisoft.

Assassin’s Creed alude a los nizaríes, secta chiita confrontada con los caballeros templarios en la época de las Cruzadas. Los aficionados a las etimologías recordarán que del apodo árabe que tuvo ese grupo militar, “hashshashin”, que describía su presunto vicio, la adicción al hachís (cáñamo indio), se deriva la palabra “asesino”. La autenticidad histórica de estos hechos es aún tema de debate entre especialistas y los aficionados muy clavados.

La versión de Bowden-Gill está ambientada en la Florencia renacentista y gira alrededor del joven Ezio Auditore, quien se asume como “assassin” para vengarse de quienes mataron a familiares suyos, y en un relato donde también aparecen Leonardo Da Vinci, Maquiavelo, Lorenzo de Médici y los Borgia, citados con la propiedad que corresponde a la formación del novelista como historiador.

Y Gill no habría podido imprimirle esa pasión a la escritura si él mismo no fuera un gamer empedernido. Al menos así se desprende de una de las poquísimas conversaciones periodísticas con él, la publicada en 2012 por el portal Ubi Workshop a propósito del lanzamiento de The Secret Crusade, tercer libro de la saga y el primero que no era una adaptación directa del juego.

Ahí reconoce que juega mucho Assassin’s Creed antes y durante el proceso de escritura de las novelas, y en el caso de ese libro en particular, tuvo un contacto más estrecho con los desarrolladores y se le permitió una mayor libertad para aportar ideas propias a la trama (a los primeros dos volúmenes, Renaissance y Brotherhood, se les criticó por su apego casi literal al juego). Al final reconoce entre sus fuentes de inspiración a Stephen King, el espaguetti western y los viejos libros de horror de los años 80: “Nada especialmente edificante, me temo”, admitió.

A casi una década de su lanzamiento, Assassin’s Creed cuenta ahora también con su primera adaptación cinematográfica, que se tomó ciertas libertades respecto de las tramas del videojuego y de las novelas, y que se estrenará mañana en las salas mexicanas después de un muy decepcionante arranque en la taquilla estadunidense.

Con una recaudación mundial de 86 millones de dólares, aún está lejos de llegar a los 125 millones que les costó a los productores de la cinta, entre ellos su protagonista, Michael Fassbender, cuyo personaje sólo se la pasa dando saltos en el vacío. 

marco.gonsen@gimm.com.mx

 

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