Políticos basura

Hay una gran cantidad de mezquinos 
que haciendo cuentas políticas rechazan 
la realidad y otros, que sabiéndola, 
prefieren callar.

La liberación del precio de los combustibles muestra, con una gran claridad, la miseria de la inmensa mayoría de los políticos, quienes de manera ridícula tratan de hacer creer que son sensibles a las necesidades del pueblo cuando lo único que hacen es utilizar la desinformación de las masas.

Primero. La liberación de los precios de los combustibles es una medida tan correcta como justa. No existe ninguna razón (más allá de las perversiones políticas) para haber subsidiado la gasolina con más de 200 mil millones de pesos durante tantos años.

Un subsidio injusto, puesto que seis de cada diez pesos se otorgaban al 20% más rico del país; para que al 10% más pobre le tocara un peso, al más rico le correspondían nueve. La gasolina se dispendía de una manera escandalosa, ya que somos el cuarto país del mundo con mayor consumo. Así, vamos en contra del cuidado del medio ambiente y se malgastan los recursos de los contribuyentes, que no del gobierno.

Segundo. Con el voto de prácticamente todas las bancadas (Morena no votó a favor) se aprobó dentro del paquete económico para este año en el cual se estableció la fórmula para determinar el precio de los combustibles, lo que pone al PAN y, especialmente al PRD, en un callejón sin salida: No supieron lo que votaron, lo que implicaría que no cumplen con su trabajo, o que están traicionando la palabra que comprometieron por interés político.

Pero nadie se salva. Hay algunos priistas que están hablando de medidas compensatorias o que disminuyan el malestar social.

De acuerdo con las investigaciones de autoridades federales, atrás de las supuestas manifestaciones sociales de descontento, que en realidad fueron actos de rapiña y robo descarado, se dio la participación de Morena y de grupos, algunos operados desde el extranjero.

COBARDES

Tercero. Los que sí comprenden las bondades de la medida, que ciertamente se debió haber tomado hace muchos años, tienen en su mayoría comportamientos cobardes. Prefieren callar que defender la razón.

Les preocupa parecer populares cuando el ejercicio del gobierno no es un concurso de popularidad, sino el ejercicio correcto de una serie de acciones a favor de las mayorías. La liberación del precio del combustible, sin lugar a ninguna duda, es una medida correcta en ese sentido.

Lástima que hasta el propio gobierno de Enrique Peña Nieto sea timorato en defender una de las mejores decisiones en la historia del país: Los precios controlados son, sin lugar a ninguna duda, uno de los más grandes enemigos de la población y, en particular, de los que menos tienen.

Los precios controlados benefician a los ricos y dañan a los pobres. Es repugnante que el PRD que en la Ciudad de México señaladamente ha incentivado el uso de automóviles con segundos pisos de paga (recursos que, por lo menos, deberían usarse integralmente para favorecer el transporte público masivo) ahora trate de hacer movilizaciones por lo que el mismo partido aprobó en el Congreso de la Unión.

Cuarto. Las mentiras de la clase política mexicana son escandalosas. Ahí están los que prometen regresar a precios controlados de la gasolina sin explicar de dónde saldrían los recursos para financiarlos, cuánta pobreza se generaría por regresar a un subsidio a favor de los ricos.

Otros más repiten mitos y mentiras como el que el problema tiene que ver con la falta de refinerías y que, por lo tanto, se deberían usar recursos públicos para construirlas. Sí, los mismos que prometían en la elección de 2012 copiar el modelo del ahora enjuiciado por corrupción Luis Inácio Lula da Silva.

Brasil destinó grandes cantidades de recursos a la construcción de tres refinerías. El año pasado la gasolina en aquella nación subió 48%, más el dinero que se perdió entre la construcción de las refinerías y el que se robaron.

Quinto. En el mediano plazo, es decir, el siguiente Presidente de la República gozará de una mayor libertad en materia de presupuesto porque no se tendrá que subsidiar a los ricos con el precio de la gasolina, puesto que podrá dedicar esos recursos a la generación de oportunidades para los que menos tienen.

Es justo, económica y socialmente correcto liberar el precio de la gasolina; sin embargo, hay una gran cantidad de mezquinos que haciendo cuentas políticas rechazan la realidad y otros, que sabiéndola, prefieren callar.

 

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