¿IVA generalizado? (Parte II)

México debe cambiar porque es lo correcto y lo que garantiza un mejor escenario.

En mi columna de ayer planteé la necesidad de considerar, dentro del ajuste fiscal que México deberá hacer en línea con los cambios fiscales que muy probablemente hará el gobierno de Estados Unidos, replantear cobrar IVA generalizado y a los deciles más bajos de ingreso darles algún tipo de compensación por la vía de la extensión de los programas de salud y en alimentos a través de transferencias directas.

Como era de esperarse, básicamente las reacciones fueron de una muy profunda descalificación no en términos económicos, sino políticos. Se reiteraron frases como: “¿De verdad crees que en tiempos electorales algún político se atreverá a tocar ese tema? Si lo hicieran seguramente perderían las elecciones”.

No faltaron aquellos que dijeron que sería una gran idea, pero que eso únicamente podría ser hecho por el gobierno entrante en diciembre de 2018 si estuviera dispuesto a invertir una buena parte de su capital político en este tema.

Otros más, simple y sencillamente, se limitaron a decir que si bien es cierto que sería un esquema mucho más justo y eficiente de recaudación al que México estaría orillado de darse los cambios propuestos por Donald Trump con el apoyo abierto y claro del Partido Republicano se trata de una utopía más que sería deseable, pero imposible en la realidad.

CONSIDERANDOS

Primero. Si Estados Unidos hace una Reforma Fiscal en los términos en la que está planteada en el resumen presentado por el actual gobierno, es altamente probable que se modifique el paradigma fiscal y, por lo tanto, todos los sistemas del mundo cambiarían; México no podría ser la excepción.

Segundo. México no tiene realmente mucho margen para moverse. Es un hecho que el país no podría incrementar el monto de la deuda como porcentaje del PIB sin que tuviera consecuencias nefastas para la economía nacional.

Si bien es cierto que los niveles de deuda se consideran buenos o malos con base en la capacidad de pago de la nación, el actual nivel (al que se llegó con excesiva rapidez) comienza a plantear dudas sobre la viabilidad de las finanzas públicas en el mediano plazo, el asunto es mucho más profundo que el ciclotímico comportamiento de las calificadoras de deuda.

Es claro que la Secretaría de Hacienda tiene la obligación de regresar al presupuesto cero si quiere lograr la estabilidad en la economía nacional y, por lo tanto, la opción de mayor deuda está descartada.

Tercero. El secretario de Hacienda invitó hace unos días a los municipios a cobrar efectivamente el predial como una vía de aumentar los ingresos. La realidad es que ésta sí parece una utopía, puesto que el esquema de coordinación fiscal hace que las entidades federativas y los municipios sean peor que hijos inútiles de una familia. No están dispuestos a realizar ningún esfuerzo porque la eficiencia recaudatoria los mantiene de maravilla. En lo que va de este año han recibido 48% más de lo estimado.

Es hasta cierto punto ingenuo suponer que los presidentes municipales harán el esfuerzo por recaudar cuando tienen periodos tan cortos de gobierno que más bien les generan incentivos para estar buscando la siguiente posición política.

Cualquier cambio fiscal debe realizarse desde la federación, puesto que esperar responsabilidad de los municipios suena francamente absurdo.

REALIDAD

Pensar que los calendarios políticos deben determinar si se hace lo correcto o no, es condenar al país a ser rehén del interés de los partidos políticos que, fieles a su naturaleza, tienen como prioridad llegar al poder y mantenerse en él. Desgraciadamente, eso pocas veces coincide con el interés superior de la población a la que dicen querer servir.

Alguien consideró que era francamente ingenuo creer que algún político se atrevería a proponer hablar del tema del IVA generalizado en estos tiempos, puesto que se trata prácticamente de un anatema.

Mi respuesta a él y cualquier otro que tenga esta idea, absurda, es que no puede pensarse en un México de progreso en el que las clases menos favorecidas tengan mejores oportunidades de salir de la pobreza.

México debe cambiar no sólo en concordancia con las modificaciones que, a no dudar, hará nuestro principal socio comercial en su esquema fiscal. Debe cambiar porque es lo correcto y lo que garantiza un mejor escenario.

Hacia finales de este mismo año sabremos si el país tiene una clase política a la altura de las circunstancias o tendremos que aceptar seguir siendo una nación mediocre. Es tiempo de hacer lo correcto.

 

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