Ya nos alcanzó el destino en las pensiones

La irresponsabilidad de los gobiernos mexicanos trasciende hasta los socavones y hoy por hoy tiene a millones de mexicanos en el abismo de la miseria, porque el sistema de pensiones simple y sencillamente está colapsado.

Los funcionarios públicos dicen que el problema se debe al éxito del sistema de salud, a la mejor alimentación, a los mejores cuidados que han logrado que los mexicanos vivan muchos más años; muchos más de lo que calcularon los actuarios en el sistema de pensiones.

Y en parte es verdad. Hasta hace algunos años, las personas se jubilaban a los 50 o 60 años y fallecían pocos años después; en la actualidad, se jubilan a la misma edad y fallecen más allá de los 80 años.

Es decir, el sistema tiene que hacer frente a pensiones durante 25 o 30 años después de la jubilación.

Pero la razón fundamental es que el manejo de las pensiones en México ha ido de la irresponsabilidad a la ilegalidad y a la política de patear el bote hacia delante para no hacer ahora lo necesario para evitar el problema.

Ya en 2012, Pedro Vázquez Colmenares, en su libro Las pensiones en México, La próxima crisis, advertía de la bomba de tiempo que representaban las pensiones en nuestro país.

En ese año las pensiones de la banca de desarrollo y de las empresas paraestatales representaban el 104% del PIB.

Y en esa misma fecha, el total de las pensiones del país era tanto como el 2% del PIB y será igual al 6% por allá en 2035.

Esto significa que la próxima macrocrisis económica de México vendrá no por los desequilibrios externos ni por desorden en las finanzas públicas ni por exceso de deuda, sino porque el sistema de pensiones colapsará las finanzas del país.

El problema es que los gobiernos mexicanos no han cumplido con su obligación de prevenir. En muchos casos, los fondos para pensiones fueron malgastados. Acaso el mejor ejemplo fue cuando el IMSS era propietario de equipos de futbol y de cadenas de teatros.

En otros, hubo criminal derroche. Hay que recordar los sexenios de los excedentes petroleros, cuando el dinero se usó para crear burocracias enormes en estados y municipios, en lugar de aplicarlos a reservas de pensiones.

Y también hay que apuntar la falta de pantalones de casi todos los gobiernos para hacer las reformas legales que garanticen la salud de las instituciones, aumenten el monto del salario ahorrado y eviten la enorme corrupción que existe en algunos sistemas, como el del ISSSTE.

Por fortuna, la salida existe; por desgracia, en este sexenio ya no hay forma de impulsar alguna reforma; y si los siguientes gobiernos actúan como los del pasado, la crisis será inevitable.

Sin reformas, la salida está en que la economía mexicana crezca a tasas promedio del 5% cuando menos durante quince años o que vuelva a haber ingresos extraordinarios, como los hubo en la bonanza de los precios petroleros.

Aún hay tiempo, pero se requieren gobiernos conscientes del problema y con los pantalones suficientes para hacer lo que se tiene que hacer, por doloroso que sea... ahora.

Hasta el próximo lunes y mientras, no deje de seguirme en la página de FB Perspectivas de Luis Enrique Mercado.

 

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