La moda hipster de llamarle startups a las empresas

Una startup es más un laboratorio de experimentación temporal que una empresa. Foto: Especial

Desde el Impact Hub

Araceli Campos

Ara dirige y escribe desde el Impact Hub de la Ciudad de México @ImpactHubDF Facebook.com/ImpactHubDF http://mexicocity.impacthub.net

El fin de semana pasado, un buen amigo de la universidad me hizo la siguiente pregunta: “Ara, tú que andas en eso de las startups, ¿me puedes explicar por qué está de moda llamarle startups a las empresas?, ¿es una modita hipster, no?” Su comentario me pareció genial ya que resume todo lo que está bien y mal de este sector. Por un lado la emoción que se ha creado alrededor de las empresas con alto potencial de crecimiento va ganando momentum en un mercado en desarrollo como el mexicano, pero el creer que todas las empresas tienen este potencial y pueden ser el próximo Facebook puede llevar a que un buen puñado de inversionistas, emprendedores y entusiastas queden desilusionados de un mercado que no da los resultados que prometía.

Es así que me parece relevante hablar de las diferencias entre una startup y una empresa tradicional, sin que esto signifique que una sea mejor que la otra.   

Si bien una startup puede definirse como PyME, no todas las PyMEs pueden definirse como startups

Normalmente una pequeña empresa en México se define por un número de empleados menor a 50 y niveles de ventas por debajo de los 10 millones de pesos anuales. Si bien una startup puede encajar en esta descripción también incorpora características que la distinguen de otras PyMEs. El grado de innovación es tan importante como la capacidad que tenga el fundador de ambicionar cambiar el status quo de todo un mercado, esto a través de un fuerte elemento de originalidad, sabiendo que la mejor forma de hacerlo es a través de la tecnología. Es así que quizá la característica más importante para que una startup se llame así es contar con una base tecnológica que permita agilizar su crecimiento para multiplicarse y ganar clientes o usuarios de manera exponencial. 

No todas las empresas nuevas son startups

Las Startups normalmente son empresas de reciente creación siendo la base tecnológica lo que les permite crecer en un tiempo relativamente corto. Por ejemplo, pensemos en una tienda de ropa vintage que abrió hace un par de meses en la Ciudad de México. Suponiendo que a esta tienda le empieza a ir bien, al año pensarán en abrir una segunda tienda, duplicarán no solo su local y mercancía si no también su equipo de ventas y costos operativos. Esta es el ejemplo de una empresa nueva cuyo crecimiento lineal está correlacionado a un desarrollo físico: más locales, más vendedores, más mercancía. Ahora pensemos en una tienda de ropa vintage sin un local donde la venta sólo se hace en línea. En este caso, si el emprendedor quiere vender el doble no tiene que aumentar la capacidad física a esa misma razón si no enfocar su esfuerzo en marketing digital que le permita llegar a un mayor número de usuarios a nivel nacional y distribuir. Ambas son empresas nuevas pero una de ellas posee el componente tecnológico que le permite crecer de manera exponencial convirtiéndola en una startup. 

Una startup es más un laboratorio de experimentación temporal que una empresa

Hay muchas conversaciones acerca del momento en el que una startup deja de serlo, entrando a discusión temas como el número de empleados, el nivel del ventas y el tiempo en el mercado. Aunque todas las anteriores son variables importantes, la que más me hace sentido es la que tiene que ver con el momento en el cual se encuentra el modelo de negocio adecuado, un producto que hace click con la necesidad de un mercado y se demuestra que el modelo de ventas puede ser replicable. Es hasta ese momento cuando la startup deja de experimentar y pivotear para enfocarse en construir bases más sólidas para que ese modelo habilite el crecimiento de una compañía que provea bienestar a largo plazo.  

El fondeo proviene de otras fuentes que no son préstamos bancarios

Las startups y las empresas tradicionales recurren a ahorros personales, de familiares y de amigos para comenzar. En el caso de las empresas tradicionales, este dinero se utiliza para capital de trabajo, la renta de un local, comprar máquinas, mobiliario etc, si estas empresas solicitan dinero a un banco, lo más probable es que el banco se los dé, considerando sus activos fijos en garantía para prestar a una tasa de mercado. En caso de que el empresario no cumpla con sus pagos, el banco se va contra sus activos. Sin embargo las startups a diferencia requieren de dinero en etapas donde su único activo es su tecnología, la cual sigue siendo experimental por lo cual es difícil que un banco preste y si lo hace, seguramente sería a tasas muy altas y con esquemas de pagos que obligan a la startup a pagar cuando probablemente no haya comenzado a vender aún. Es así que a través de esta necesidad surge la industria del capital de riesgo (venture capital), también llamado capital emprendedor. Esta industria presta a cambio de un porcentaje de propiedad de la empresa y su principal interés no es el flujo de caja si no el crecimiento. Estos fondos además de poner dinero sobre la mesa, brindan experiencia, contactos, asesoría y otros servicios que acompañan a las startups al siguiente nivel. 

En conclusión, el emprendimiento es un motor de desarrollo tan importante que ya sea con un negocio tradicional o una startup el mensaje es el mismo: tú tienes la capacidad de generar ideas que cambien el mundo y ponerlas en acción a través de la creación de empresas que empleen a talentos de toda índole. Hoy más que nunca existen los apoyos para hacerlo y que se acondicionan mejor dependiendo si eres un negocio tradicional o una startup. El emprendimiento no es una modita hipster, es un vehículo sumamente poderoso para mejorar la calidad de vida de miles de personas.  

*DR

Aclaración:
El contenido mostrado es responsabilidad del autor y refleja su punto de vista.
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