¿Es bueno para la economía organizar un Mundial?

Entonces quizá algo bueno pueda salir de esta candidatura si se repite la experiencia de Corea y Japón.

ECON 101

Marco Antonio Gómez Lovera

Economista por la Universidad Panamericana.Con experiencia en el análisis de indicadores económicos de México.

El Mundial del 2026 será completamente diferente, no sólo porque se ampliará de 32 a 48 el número de equipos participantes, sino porque también podría ser el primero en tener a tres países como sedes.

Luego de la presentación de la candidatura conjunta de México, Estados Unidos y Canadá, la pregunta obvia es: ¿Cómo nos beneficia?”.

Tanto los mundiales, como los juegos olímpicos se han vuelto cada vez más impopulares entre la población. Representan gastos exorbitantes para el gobierno y el legado para los ciudadanos es de pago de deudas e infraestructura en decadencia, como ha sido evidente con el Mundial de Brasil y los Olímpicos de Río, Sochi, Beijing y Atenas.

En este sentido, darle a los tres países del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) el Mundial resulta lógico, pues la infraestructura ya existe. 

No se necesitarían construir nuevos estadios o grandes complejos para albergar la justa; si acaso se requeriría inversión en transporte público, pero ésta tendría un efecto benéfico en el largo plazo.

Pero en este momento es ocioso especular sobre un evento a nueve años de distancia que aún ni es seguro. Así que enfoquémonos en el pasado, ¿cuál ha sido el beneficio económico para sedes previas?

Al analizar los mundiales de Francia 98 y Alemania 2006, Allmers y Maenning (1) encontraron que el país galo no tuvo un aumento significativo de turistas en el mes de la competencia; mientras que en Alemania el aumento fue equivalente a 708,000 noches extras. 

Sin embargo, en ninguno de los dos casos se afectó la tendencia de largo plazo del país.

Al analizar los ingresos del sector servicios para Alemania, se encuentra un aumento en el gasto hecho por los turistas en el país, pero también en el realizado por los nacionales alemanes fuera. 

Esto lleva a suponer que el Mundial incentivó a algunos alemanes a viajar fuera del país para evitar el caos y bullicio del evento.

En cuanto a las ventas minoristas, ambos países presentaron una tasa de crecimiento negativa respecto al mismo mes del año anterior. Los autores lo asocian con un cambio en los planes habituales de consumo de los residentes, quienes prefieren no salir a las calles llenas de turistas.

Los efectos para el sector turismo son pequeños y mayormente despreciables. Megaeventos como la Copa del Mundo pueden desplazar el turismo regular del exterior y desplazar el turismo de residentes”, dice el trabajo.

Pero Francia y Alemania son países considerados como desarrollados. Para México un mejor comparativo serían los eventos del 2010 en Sudáfrica y 2014 en Brasil.

De acuerdo con información oficial, el Mundial de Sudáfrica benefició con 0.14 puntos porcentuales al PIB de ese año o 509 millones de dólares americanos. Mientras que el beneficio para los hogares fue de 769 millones de dólares y la creación de 130,000 empleos.

En la economía más grande de América Latina se prometieron 1 millón de empleos como resultado de albergar el evento, con cerca de 700,000 prometidos como permanentes. Pero la realidad es que al acercarse el evento, el ritmo de creación de empleos en el país se desaceleró a su peor nivel desde 1998 (2).

Además, los consumidores se enfrentaron a una inflación más alta a la esperada, como producto del inminente aumento en la demanda que se esperaba; y el afán de comercios por sacar jugo a la justa.

Por otra parte, el sector industrial sufrió un golpe de 6.9% en junio, debido a que muchos municipios declararon el día como feriado, afectando la productividad de la región. El sector automotriz fue el más golpeado, con una baja de 36.3 por ciento.

Según Mirele Mitie Matsuoka de Aragão, en su tesis de la Western Michigan University (3), el impacto económico más duradero no es monetario, sino un incremento en las capacidades de los trabajadores involucrados. Desde nuevas técnicas en los participantes en el sector de la construcción, hasta la preparación de los empleados del sector servicios que tuvieron que aprender una nueva lengua.

Constantemente la realidad se ha quedado corta respecto a las expectativas de beneficio económico para los países sede. Quizá el ya contar con infraestructura y limitar la inversión a aspectos que de verdad la requieren, pueda permitir que la situación no se repita para América del Norte. 

Otros efectos positivos para el país y su economía, difíciles de cuantificar, tienen que ver con el legado estético, principalmente arquitectónico; los efectos de bienestar subjetivo sobre la población, y la percepción internacional de los países. 
Allmers y Maenning señalan que tras el Mundial de Alemania 2006, el país subió al segundo lugar desde el séptimo en el Índice de Marcas País (NBI), particularmente en el ámbito relativo al deporte. 

Mientras que según Ashton, Gerrard y Hudson (4), el buen desempeño de una selección en el Mundial puede beneficiar al mercado accionario local, como ellos encontraron pasó con Inglaterra. Y usualmente los países sede tienden a tener un buen desempeño durante su evento.

Finalmente, hay que considerar la experiencia de organizar conjuntamente un Mundial; único caso que encontramos en la edición del 2002 entre Corea del Sur y Japón. Horne y Manzenreiter (5) encontraron que si bien el evento era el mismo, la manera en la que los gobiernos decidieron promocionarlo a sus poblaciones fue muy diferente; y sirvió para reforzar su identidad nacional sin dejar de lado el ámbito global.

De acuerdo con los autores, la organización del Mundial conjunto llevó a una mejora de las relaciones bilaterales, particularmente en el ámbito burocrático y en la percepción que se tenía del otro país.

“La investigación de la final de la Copa Mundial del 2002 revela la estrecha relación entre megaeventos y el proceso de globalización: son simultáneamente impulsados por la globalización y promueven la globalización”, dicen Horne y Manzenreiter.

Entonces quizá algo bueno pueda salir de esta candidatura si se repite la experiencia de Corea y Japón.

(1) Allmers, S., & Maennig, W. (2009). Economic Impacts of the FIFA Soccer World Cups in France 1998, Germany 2006, and Outlook for South Africa 2010. Eastern Economic Journal, 35:4. 500-519
(2) Simoes C. & Malinowski M.(2014,July 17) Brazil Cuts Job Creation Forecast after Missing Estimate in June, Bloomberg Business
(3) Matsuoka De Aragao, Mirele, "Economic Impacts of the FIFA World Cup in Developing Countries" (2015). Honors Theses. Paper 2609.
(4) Ashton, J. K., Gerrard, & Hudson (2003). Economic impact of national sporting success: evidence from the London stock exchange. Applied Economics Letters, 10(12). 783-785
(5) Horne, J. D., & Manzenreiter, W. (2004). Accounting for Mega-Events: Forecast and Actual Impacts of the 2002 Football World Cup Finals on the Host Countries Japan/Korea. International Review for the Sociology of Sport. 187-203

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