El olvidado sur del país

El jueves de la semana pasada el presidente Enrique Peña Nieto anunció la creación de tres zonas económicas especiales en el sur-sureste de México. Foto: Cuartoscuro

Economía Real

Luis Ángel Monroy Gómez Franco

Economista UNAM. Editor de la sección de economía en Paradigmas.

El jueves de la semana pasada el presidente Enrique Peña Nieto anunció la creación de tres zonas económicas especiales en el sur-sureste de México con el objetivo de reducir el rezago de la región respecto al resto del país. Si bien aún no hay muchos detalles sobre el diseño de dichas zonas  y en qué consistirán los apoyos y las inversiones en infraestructura que realizará el Estado, sí es posible decir que implica una señal de cambio dentro de la política económica, pues es un giro hacia la recuperación de la política industrial como herramienta para potenciar el desarrollo regional.

Sin embargo, resulta un tanto extraño que haya sido hasta el final del segundo año de gobierno de la presente administración que se cayó en cuenta de la necesidad de diseñar un programa para solucionar los problemas del sur del país en cuestión de ingresos, educación y salud, es decir, los problemas socioeconómicos de la región. Resulta extraño porque el problema no es nuevo, de hecho, todo lo contrario.

En el gráfico 1 se muestra la evolución de la brecha en Índice de Desarrollo Humano (IDH) de Chiapas, Guerrero y Oaxaca con respecto al IDH del Distrito Federal. La brecha se define como la razón entre el IDH de cada uno de los estados mencionados y el IDH del D.F. El IDH es una medida que engloba datos de salud, ingreso y escolaridad, por lo que permite dar una imagen relativamente completa sobre las condiciones de vida de la población.  Se escogió como dato a comparar el IDH del D.F. debido a que es el estado con mayor IDH de 1960 a la fecha.

Gráfico 1: Brecha en desarrollo humano 1950-2000
(% del IDH del D.F.)

Vale la pena señalar varios aspectos. Por un lado, a lo largo de toda la serie de datos, los tres estados mencionados han sido, de forma permanente, los tres estados con menor IDH del país. Dicho de otra forma, se trata de los tres estados con peores condiciones de vida  desde 1950 hasta la actualidad (ver gráfico 2, abajo). También se puede observar que de 1950 a 1980 la brecha entre el IDH de los tres estados y el del D.F. se cerró aceleradamente, para estancarse a partir de los ochenta (como mencionan Esquivel, López-Calva y Vélez, 2006). Es decir, durante el periodo en que la economía mexicana creció de forma acelerada, las condiciones de vida en los estados del sur mexicano mejoraron de forma más rápida de lo que mejoraban las condiciones de vida en el D.F., si bien siguieron siendo peores que las de la capital del país. Aunque es cierto que las condiciones de vida en la región sur de México mejoraron en la segunda mitad del siglo XX, es preocupante que sigan siendo sustancialmente peores que las regiones de mayor desarrollo del país y sobre todo, que hayan dejado de converger, pues eso implica que esta desigualdad en las condiciones de vida ha dejado de disminuir.

En el gráfico 2 se muestra la evolución reciente de la brecha en IDH. Dado que los datos provienen de otra fuente, el dato para el año 2000 no coincide con el presentado en el gráfico 1.

Gráfico 2: Brecha en desarrollo humano 2000-2010
(% del IDH del D.F.)

Si bien los datos provienen de otra fuente, muestran las mismas tendencias que los del gráfico 1. Es decir, Chiapas, Guerrero y Oaxaca se mantienen como los estados con menor IDH de todo el país y la brecha entre el IDH de estos estados y el del D.F. ha permanecido constante en la última década. Es decir, desde hace tres décadas las condiciones de vida en la región sur del país han dejado de acercarse a las condiciones de vida de la capital y, de hecho, tampoco han mejorado gran cosa en términos absolutos.

Dada la naturaleza histórica del problema, han existido varios programas cuyo objetivo ha sido mejorar las condiciones de vida en esa región del país. El problema es que no ha habido continuidad en los esfuerzos y cada administración ha decidido crear un nuevo programa de apoyo en la región, dejando de lado los esfuerzos iniciados por administraciones anteriores. Esto evita que las inversiones de largo aliento y de carácter transexenal no se lleven a cabo, cuando es ese tipo de inversiones el que necesita la región.

Como mencioné en Paradigmas, buena parte del rezago en las condiciones de vida en la región se debe a la falta de infraestructura básica en la misma, tanto de aquella dedicada a la provisión de servicios básicos, como aquella destinada al transporte y a la conexión de las distintas comunidades (ejemplo de ello es que la Unión de Pueblos y Organizaciones de Guerrero surgió con el objetivo de gestionar inversiones carreteras en el Estado). Ese es el primer déficit que el nuevo programa del gobierno federal debe de subsanar. 

*gl

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