¿Estamos haciendo lo necesario contra la contingencia ambiental?

¿A quién culpar por esta contingencia ambiental y cómo solucionarla? Foto: Cuartoscuro

Espacio Urbano

Carlos Brown Solà

Analista y consultor interesado en la (macro)economía, las ciudades, los asuntos internacionales y la diplomacia. Maestro en Economía por El Colegio de México. Ciudadano del mundo que vive con el corazón en la utopía, pero los pies en la tierra.

CIUDAD DE MÉXICO.- Después de los días de cielos despejados y azules gracias a los ventarrones de la semana pasada, consecuencia de la conjunción de una tormenta invernal y un frente frío, quienes habitamos en la Ciudad de México nos enfrentamos ahora a la mayor congestión ambiental de los últimos 14 años: ayer la Comisión Ambiental de la Megalópolis (CAMe) activó la fase I de contingencia ambiental por ozono, debido a que los registros de ozono en el aire superaron los 190 puntos. En lugar de respirar oxígeno, los chilangos estamos respirando una mayor cantidad de ozono, lo que provoca irritación de las vías respiratorios, tos, dolor de cabeza e irritación de los ojos; pero una exposición de mayor frecuencia podría llevar a problemas respiratorios y cardiovasculares más graves.

¿A quién culpar por esta contingencia ambiental? Empecemos por la fuente de las emisiones: el principal responsable de las emisiones contaminantes en la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM) es el sector del transporte, que aporta 46 por ciento del total, y el número de vehículos en la ciudad ha tenido un crecimiento considerable, como muestra la siguiente gráfica.

De estos vehículos, los automóviles particulares tienen el peso más grande: en menos de diez años, la ZMVM duplicó el número de automóviles particulares, pasando de 3.5 a 6.8 millones, y que representan el 70% de los vehículos que diariamente circulan en la Ciudad de México aunque equivalen a sólo uno de cada diez viajes por persona que se realizan en esta ciudad, de acuerdo al Fimevic.

Esto empeora al considerar el número de pasajeros que en promedio lleva cada uno de estos automóviles. Realiza un simple ejercicio de observación para ponerle cara a estos datos: ya sea que vayas caminando, en Metrobús o en tu automóvil, cuenta cuántos automóviles a tu alrededor van ocupados por un solo pasajero en un día laboral. Te sorprenderá descubrir que, casi siempre, son una enorme mayoría.

Esta situación ha desembocado en un mayor número de precontingencias ambientales, que tienen costos más altos de los que pensamos: en el mundo la mala calidad del medio ambiente causa la muerte de 12.6 millones de personas al año, de acuerdo con un reporte publicado hoy por la Organización Mundial de la Salud, lo que implica que casi una cuarta parte de las muertes que se producen en el mundo son provocadas por vivir o trabajar en ambientes poco saludables; 65% de esas muertes, que equivale a 8.2 millones de fallecimientos anuales, se relacionan con la contaminación del aire. Sólo en México, actualmente se producen alrededor de 9,300 muertes anuales a nivel nacional por causas asociadas a la mala calidad del aire.

Como cabe suponer, y se puede observar en este monitoreo en tiempo real de la calidad del aire en el mundo, las ciudades son las principales protagonistas de este problema de calidad del aire. Por ello, esto ya no sólo es un problema, sino una crisis que se hará cada vez más recurrente en nuestras ciudades a menos que hagamos algo al respecto, y quienes llevan la mano en esto son los gobiernos locales.

Así, la mayor contaminación del aire de la ZMVM tiene un responsable principal debido a su complicidad: el gobierno de la Ciudad de México. En los últimos años, el GDF/GCDMX no sólo ha permitido un mayor número de automóviles en la Ciudad de México, sino que ha aumentado los incentivos para tener uno: la eliminación de la tenencia vehicular, la mayor permisividad del programa ‘Hoy No Circula’ y la promoción de un mayor número de proyectos de infraestructura que favorecen al automóvil particular, como los segundos pisos y los distribuidores viales, en detrimento de las opciones de transporte público masivo y la calidad de éstos.

La respuesta del Gobierno de la Ciudad de México no se ha hecho esperar: en estos días de contingencia, decidió hacer gratuito el transporte público, prohibió una parte de los automóviles y recomendó a peatones y ciclistas que se abstengan de serlo durante estos días, ante las inminentes consecuencias para su salud. Aunque sean medidas contingenciales cargadas de buenas intenciones, no orillan a la gente a utilizar las opciones de transporte público disponibles de forma permanente más allá de su buena voluntad, porque no genera los incentivos adecuados para obligar a las personas a bajar del automóvil ni aumenta los costos e implicaciones de sostener su comportamiento habitual por un período mayor que lo que dura la contingencia.

Esta respuesta del gobierno local es similar a la que han tomado los gobiernos de algunas grandes ciudades alrededor del mundo, pero los otros gobiernos han decidido ir más allá de la contingencia.

Cuando Madrid enfrentó una reciente subida de la contaminación del aire, el gobierno de Manuela Carmena decidió aprobar un nuevo protocolo que endurece las medidas de restricción de circulación de automóviles, reduciendo a la mitad o por completo la circulación de los mismos dependiendo de la calidad del aire, y limitando el estacionamiento en el primer cuadro de la ciudad; pero también ha iniciado un ambicioso plan para cerrar a la circulación de los automóviles el primer cuadro de la ciudad.

El gobierno de París, que encabeza Anne Hidalgo, ha prohibido ya la circulación de automóviles en el primer cuadro de la ciudad durante todos los domingos y está ejecutando un plan para impulsar el transporte masivo de personas.

En Beijing, ya conocida por las imágenes de la densa contaminación del aire en la ciudad, en los casos de contingencia ambiental se han retirado de la circulación la mitad de los automóviles, pero se ha comenzado la expansión exponencial de los sistemas de transporte público de la ciudad, especialmente el metro.

Ahora cabe preguntarnos, ¿el Gobierno de la Ciudad de México está haciendo lo mínimo o lo necesario ante la mayor contaminación del aire que enfrenta la capital mexicana? Pueden imaginar la respuesta.

*livm

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