¿Cuánto daño es realmente probable que haga Donald Trump?

El interrogante es a qué grado sus iniciativas pondrían en peligro a la salud fiscal a largo plazo de Estados Unidos. Foto: Reuters

El interrogante es a qué grado sus iniciativas pondrían en peligro a la salud fiscal a largo plazo de Estados Unidos. Foto: Reuters

POR: The Economist

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La reacción del mercado al triunfo presidencial de Donald Trump ha sido algo entre optimista y jubilosa.

Sin embargo, si uno pretendiera diseñar políticas para hacer daño a largo plazo a la economía, podría terminar con algo semejante a la agenda del republicano.

El próximo presidente amenaza con erigir barreras comerciales, las cuales perturbarían las cadenas de suministro y frustrarían el crecimiento de la productividad. 

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Quiere deportar a muchos de los 11 millones de inmigrantes ilegales de Estados Unidos, lo cual reduciría el tamaño de la fuerza laboral en hasta 5 por ciento. 

Su plan de impuestos es ruinosamente caro, y costaría casi 7 billones de dólares en una década, o alrededor de la mitad de la deuda nacional pendiente de Estados Unidos.

¿Cuánto daño es realmente probable que haga Trump? Eso depende, primero, de cuánta de su política pueda promulgar.

Hasta recientemente, sus recortes de impuestos habrían sido vulnerables a una obstrucción demócrata en el Senado. Gracias a un cambio de reglas en el acuerdo presupuestario más reciente, sin embargo, los republicanos ahora pueden aprobar incluso recortes de impuestos sin financiamiento con solo una mayoría simple, según Richard Kogan del Centro sobre Prioridades Presupuestarias y Políticas, un grupo de análisis. 

Necesitan solo incluir cláusulas de caducidad, como hizo el presidente George W. Bush cuando recortó los impuestos en 2001.

Los republicanos en el Congreso podrían moderar el plan de Trump. Los recortes de impuestos preferidos por el representante Paul Ryan (republicano de Wisconsin), líder de la cámara baja, son costosos, pero mucho menos que los de Trump. 

El impuesto corporativo podría terminar en el 20% propuesto por Ryan en vez del 15% deseado por Trump. La costosa promesa de Trump de ofrecer la misma tasa a los comerciantes independientes quizá no sobreviva. 

Ambos hombres coinciden en que debería haber tres tasas de impuestos para los individuos, de 12%, 25% y 33%, pero habrá debate sobre la generosidad de las deducciones.

La deuda se elevaría significativamente incluso bajo el plan de Ryan. Más endeudamiento dará a la economía un impulso a corto plazo, y los recortes de impuestos de Ryan serían mucho más grandes que el estímulo fiscal del presidente Barack Obama en 2009. 

Si se suma el gasto en infraestructura que Trump también quiere, la economía pudiera calentarse mucho más, lo cual ayuda a explicar la recuperación en los mercados financieros el 9 de noviembre. El interrogante es a qué grado esto pondría en peligro a la salud fiscal a largo plazo de Estados Unidos.

Aunque el Congreso podría reescribir el plan fiscal de Trump, tiene mucho menos poder para restringir el proteccionismo de Trump. Las leyes existentes permiten al presidente imponer aranceles en circunstancias ampliamente definidas, como Trump alegremente señaló durante la campaña. 

Pudiera usar la prerrogativa del presidente sobre los asuntos exteriores para retirarse del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN, o NAFTA por su sigla en inglés) avisando con solo seis meses de anticipación, según el Instituto Peterson para la Economía Internacional, un grupo de análisis con sede en Washington.

Trump ha dicho que meramente está amenazando con desmontar los acuerdos comerciales e imponer aranceles, con el fin de lograr mejores pactos comerciales. El objetivo de esos nuevos acuerdos, según sus asesores, será eliminar el déficit comercial.

Eso es casi inalcanzable. El déficit comercial es resultado de los bajos ahorros nacionales, que caerán aún más si el gobierno pide prestado más. Nadie sabe cómo reaccionarán otros países a las amenazas de Trump.

La política monetaria es otra causa de preocupación. Trump ha despotricado contra las tasas de interés bajas, diciendo que han avivado la burbuja económica; un sentimiento repetido por uno de sus asesores a The Financial Times el 9 de noviembre. 

También afirmó que Janet Yellen, presidenta de la Reserva Federal, estaba actuando de una manera “obviamente política” y “debería avergonzarse de sí misma”. 

Esto causó especulación de que Yellen renunciaría después del triunfo de Trump. Eso parece improbable: los presidentes de la Fed han soportado críticas presidenciales antes. 

Yellen seguramente partirá, sin embargo, cuando expire su mandato en febrero de 2018.

¿A quién podría designar Trump para reemplazarla? 

En una entrevista antes de la elección, Stephen Moore, asesor económico de Trump, sopesó varios nombres, entre ellos los del experto televisivo Larry Kudlow, el economista del sector privado Art Laffer y el académico Martin Feldstein, todos los cuales fueron funcionarios en el gobierno de Ronald Reagan. 

La mayoría de los economistas conservadores como Feldstein han estado haciendo un llamado a una política monetaria más restrictiva durante años, pero Kudlow es una excepción. 

Si el nominado de Trump refleja la belicosidad de los republicanos, la expectativa de tasas de interés más altas penderá sobre la economía, aunque podría tener mayores implicaciones para las economías fuera de Estados Unidos.

Con un gran estímulo fiscal, sin embargo, las tasas más altas podrían ser necesarias para mantener baja la inflación. Eso pudiera hacer subir más al dólar, perjudicando a los manufactureros estadounidenses e incrementando el atractivo del proteccionismo. 

Ahí es donde radica la mayor amenaza para el crecimiento.

kgb 

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