Dos posibles soluciones para sacar a Francia del estancamiento

El desafío del próximo presidente será el de cómo acelerar el crecimiento económico del país europeo. Foto: Visual Hunt

El desafío del próximo presidente será el de cómo acelerar el crecimiento económico del país europeo. Foto: Visual Hunt

Director de llamadinero.com

CIUDAD DE MÉXICO.- Antes de la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Francia, escribimos en estas páginas un texto titulado “Un final four con el Frexit en juego” en el que dábamos cuenta del nuevo mapa electoral en Francia como consecuencia del descontento con el decepcionante crecimiento económico en el país, una rampante corrupción entre la clase gobernante y los trágicos atentados terroristas que se han sucedido en Francia desde el año 2015. Pese a lo apretado de la primera vuelta, al final sucedió  lo esperado: pasaron a la gran final el candidato de centroderecha, Emmanuel Macron, quien lidera el movimiento En Marche!, y la candidata ultraderechista y antieuropeísta Marine Le Pen, del Frente Nacional.

La expectación por parte de los inversionistas es máxima de cara a la votación decisiva de este domingo 7  de mayo. Las encuestas apuntan a una victoria holgada de Macron, a quien le asignan una intención de voto del 60% comparado con el 40% que acapara Marine Le Pen. Sin embargo, aún no está todo dicho. Por un lado, está el asunto de la abstención y el voto en blanco. La movilización  en las elecciones presidenciales francesas ha sido tradicionalmente elevada, con un nivel de abstención habitualmente bajo, de entre 15 y 20%. Sin embargo, las encuestas auguran que el abstencionismo podría alcanzar, en estas elecciones presidenciales, en torno a 30% del electorado francés, lo que podría favorecer a Le Pen y recortar esa ventaja. El candidato conservador de Los Republicanos, François Fillon, y el socialista Benoît Hamon, dieron explícitamente su apoyo a Macron. No así el candidato de izquierda radical, Jean-Luc Mélenchon, quien condicionó su respaldo a que Macron retirara su propuesta de reforma laboral,  algo que él rechazó.

Por otro lado, habrá de verse cuál fue el resultado del debate de ayer entre Macron y Le Pen. El primero es novato en esto de los debates, y su discurso técnico y alambicado, frío y racional pudo salir derrotado en  el cuerpo a cuerpo con Le Pen, quien con un mensaje más emocional y directo pudo quizás llegar mejor a la gente de la calle, al trabajador que anda desanimado ante la percepción de una crisis interminable.

En efecto, en lo económico, Francia ha tenido un comportamiento decepcionante a partir de la crisis de 2008-2009. Previo a la crisis, en el período 1998-2007, la expansión promedio del PIB fue de 2.4. La Gran Recesión fue severa en Francia: en 2008, el crecimiento económico apenas fue de 0.2% para entrar en el 2009 en una profunda recesión (-2.9%).  Pues bien, a partir de esa fecha la recuperación económica ha sido modesta: de 2010 a 2016, el PIB apenas ha crecido a una tasa promedio de 1.1%. La crisis de la eurozona, en la que se tuvo que rescatar a Grecia e Irlanda y que a punto estuvo de hacer explotar a la región  con las crisis de España e Italia, significó  que entre los años de 2012 a 2014, el crecimiento de la economía francesa quedara prácticamente estancado. El resultado ha sido una tasa de desempleo demasiado elevada, que ha permanecido desde el año de 2013 consistentemente por encima de 10%.

 

RETOS

El desafío del próximo presidente será el de cómo acelerar el crecimiento económico para generar un mayor empleo, mejorar las condiciones laborales y reconducir  la tasa de  desempleo a niveles más tolerables. Sin embargo, las soluciones que proponen uno y otro son completamente opuestas. Para Macron, el remedio reside en alienarse a las fuerzas del mercado, realizar las reformas económicas necesarias para liberalizar la economía en línea con lo que propone Bruselas y fortalecer la integración a la eurozona para mejorar su funcionamiento. Para Le Pen, la solución es regresar a la antigua Francia, recuperando su soberanía legislativa, presupuestaria, territorial y monetaria, por lo que exhorta al temido “Frexit”, la salida de Francia de la Unión Europea y de la eurozona.   Según el discurso nacionalista de Le Pen, la culpa del alto desempleo y de la degradación de las condiciones laborales en Francia son los inmigrantes, por lo que hay que parar “la inmigración, la legal  y la clandestina”. Ella se presenta como la protectora del pueblo francés contra las fuerzas de la globalización.

Y contra la inmigración se aferra Le Pen también a la hora de hablar de seguridad. Francia es probablemente el país desarrollado que más ha sufrido el flagelo del terrorismo islámico. En 2015 las muertes por terrorismo en Francia se elevaron a 161, cuando en los 14 años previos se había registrado un promedio de uno al año, según datos del Instituto para la Economía y la Paz. Sin embargo, en los dos últimos años se sucedieron los atentados en las oficinas de la revista de Charlie Hebdo, el  trágico día de la matanza en la sala de conciertos Bataclan y las calles aledañas, con un saldo de 136 víctimas mortales, o el camión que se precipitó sobre una multitud que celebraba el día de la Fiesta Nacional en Niza, el 14 de julio del año pasado,  y en el que fallecieron 85 personas.

PRESIONES

En consecuencia, Francia es ahora mismo el segundo país con más víctimas mortales por terrorismo de la OCDE sólo  por detrás de Turquía, y su puntuación en el Índice de Terrorismo Global que elabora el Instituto para la Economía y la Paz se ha deteriorado alarmantemente. En el año 2014, Francia ocupaba el puesto 56 entre los países más peligrosos por terrorismo, con una puntuación  de 2.67 puntos. En el 2016, Francia ocupaba el lugar 29 de peligrosidad y había más que duplicado su puntuación a 5.60 pts, ubicándose por encima de países como Rusia, Arabia Saudí o Israel.

La percepción de peligrosidad de Francia también ha impactado a uno de los sectores claves de su economía, el turismo. No hay destino en el mundo al  que acudan más turistas que Francia. En el 2015 recibió 84.5 millones de turistas, según la Organización de Turismo Mundial de las Naciones Unidas. Pese a los atentados de ese año, Francia registró un incremento de 0.9% en el número de visitantes, si bien el aumento fue inferior al observado en los otros grandes destinos: España (5.0%), Italia (4.4%), o Estados Unidos (3.3%). Sólo Turquía, otro país acosado por el  terrorismo, registró un decremento (-0.8%). Ahora bien, el impacto económico del terrorismo fue notable: la contribución del turismo al PIB de Francia se redujo en 1,700 millones de dólares (mdd) en 2015, mientras que en Italia, menos expuesto al terrorismo, el sector de turismo creció en 4,900 mdd.

Aun así, todo parece indicar que, para la tranquilidad de los mercados, ganará Macron. Ninguna encuesta da por ganadora a Le Pen. Más allá del europeísmo contra el antieuropeísmo, se enfrentan los valores democráticos y solidarios de la V República, los de “libertad, igualdad y fraternidad” de la Declaración de los Derechos del Hombre de 1789, contra el discurso autoritario, discriminatorio y nacionalista de Le Pen. Asimismo, aun ganando Le Pen, el forcejeo para materializar el “Frexit” no será tan fácil y expedito como lo plantea la líder ultraderechista. En Francia, para poder gobernar, se precisa el control de ambas cámaras del parlamento, la Asamblea Nacional y el Senado. Y difícilmente lo logrará en las elecciones legislativas del 11 y 18 de junio. Si DonaldTrump, que controla el Congreso  de Estados Unidos, no ha logrado sacar adelante su agenda electoral, ¿lo logrará Le Pen con un apoyo mucho menor? ¿Y vencería el “Frexit” en un referéndum? Aunque ganara, el Frexit no tendría un camino fácil, aunque sin duda sería otro golpe sobre la confianza en el proyecto de la Unión Europea y la moneda única en un momento en el que se precisa un mayor respaldo e integración.

*Director de llamadinero.com y profesor
de la Facultad de Economía de la UNAM

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