¿A qué clase socio-económica perteneces?

Las clases sociales deberían dividirse sencillamente entre los libres y los esclavos, que es mejor indicador de bienestar que la posesión de una tostadora, aspiradora y lavadora. Foto: Flickr de Nathan Rupert CC [CC BY-NC-SA 2.0]

De finanzas y otros demonios

Edith Esquivel

Enfrentando sus demonios financieros desde 2012. En Twitter está como @medithie

Te tengo dos noticias malas y una buena. La primera mala noticia es que, si eres de clase media, es muy posible que tengas ingresos bajos. La segunda es que aunque tú creas que eres de clase media, es más probable que seas de clase baja. La buena noticia es que eso no importa, porque esa clasificación no sirve para nada. 
 
La teoría más popular es que existen tres clases socioeconómicas principales: baja, media y alta. La Secretaría de Economía dice que hay seis. Sin embargo, yo creo inútil crear tantas divisiones en las clases sociales cuando, en sentido práctico, clasificar sólo dos clases sociales es suficiente para comprender mejor el nivel de bienestar de una persona. 
 
Pero estas dos clases sociales no se definen por el nivel de gasto, ni de ingresos, sino por el grado de libertad que posee cada una. 
 
Todos los humanos nacemos con la necesidad de ser amados. La mayoría de los bebés que no reciben contacto amoroso, simplemente mueren. 
 
El autor Alain de Botton, en su libro sobre la ansiedad por el estatus, asegura que toda vida contiene dos grandes historias de amor: la búsqueda del amor íntimo, y la del amor del mundo; de esta última hablamos muy poco, tal vez porque nos avergüenza aceptar que buscamos el afecto, respeto o admiración de la sociedad. 
 
Sin embargo, ser conscientes de esta búsqueda es esencial para tomar el control de nuestro dinero, pues el tipo de estatus dominante por sobre otros (el intelectual, el artístico, el deportista) es el que da el dinero, específicamente, el dinero gastado en artículos de lujo.
 
Por ejemplo, ninguno de mis amigos se ha sentido impresionado al visitar por primera vez mi casa de 80 metros cuadrados y muebles sencillos, pero ninguno de ellos me ha preguntado qué porcentaje de la propiedad está pagado. 
 
Evidentemente, obtendría más estatus si mi casa tuviera 800 metros de construcción y alberca, aunque le debiera al banco hasta mi alma. En pocas palabras, puedes presumir tu auto deportivo, pero no puedes presumir que tengas la cantidad que te costó invertida en Cetes. 
 
El dinero ahorrado es tabú, pero el gastado no. Entonces, el primer elemento de libertad que debemos considerar para la división de clases es la libertad de no vivir con ansiedad por el estatus, sino de acuerdo con nuestras verdaderas necesidades. 
 
Además, el estatus financiero visible puede ser engañoso. Creemos saber que alguien es rico por el tamaño y ubicación de la casa, la marca del auto y de la ropa, el modelo de teléfono móvil, la joyería, la escuela, el tipo de trabajo. 
 
Y los gobiernos consideran elementos similares, por ejemplo, el INEGI se basa en el gasto, más que en el ingreso, para determinar si alguien es de clase baja, media o alta. Evalúan elementos como la posesión de electrodomésticos, y el gasto en tarjeta de crédito, educación, servicios y alimentos.  
 
Sin embargo, determinar el estatus de alguien de acuerdo con su gasto no sólo es erróneo, sino catastrófico, porque gastar más encarece tu estilo de vida, haciéndote más propenso a perderlo ante cualquier cambio. 
 
Como decía mi profesor Phillipe, en las condiciones económicas actuales, lograr un estatus económico mejor que el de tus padres es como alejarse de un poste con una liga gigantesca unida al poste y a tu cintura. 
 
Puede que en tus mejores años productivos tengas un buen ingreso y vivas como una persona de clase media o alta, alejándote del poste de la pobreza. Pero si pierdes un poco de fuerza (por enfermedad, contratiempo, despido o vejez) la liga te jalará irremediablemente, y quizás de golpe, de nuevo a tu punto de partida. 
 
Es decir, si el INEGI considera que eres de clase alta o media, eso sólo significa que gastas de manera acorde con ese segmento poblacional, pero no te dice durante cuánto tiempo podrás seguir formando parte de esa clase.
 
A menos que... te olvides de clases y de elevar tu estatus económico de manera visible y lo hagas de manera invisible, con ahorros e inversiones, dejando de buscar en la riqueza una forma de obtener respeto y admiración. En su lugar, puedes ver el dinero como una herramienta necesaria para el logro de una vida satisfactoria. En pocas palabras, usar el dinero para no preocuparte por el dinero.  
 
De acuerdo con estudios, no es el dinero que gastas, sino el que ahorras, el que puede incrementar tu felicidad.
 
Para mí, la señal inequívoca de que alguien es próspero no es lo costosa que es su vida, sino qué tan avanzada va la compra de su libertad, es decir, cuánto tiempo más tendrá que verse forzado a vender su tiempo, que es la esencia misma de la vida, a cambio de dinero, y cuándo podrá vivir de acuerdo con sus prioridades, y a trabajar puramente por placer y cuando lo desee. 
 
Por ello, las clases sociales deberían dividirse sencillamente entre los libres y los esclavos, que es mejor indicador de bienestar que la posesión de una tostadora, aspiradora y lavadora. 
 
Si vives de manera sencilla y eres dueño de tu tiempo, estás en mejores condiciones que alguien que trabaja 80 horas semanales para terminar de pagar su mansión, el club, las escuelas privadas de los hijos y a la masajista oriental. 
 
Para conocer qué tan cerca estás de la libertad, es necesario saber el patrimonio de la familia (activos menos pasivos) y el índice de ahorro (ingresos menos egresos).  
 
En el próximo artículo te mostraré cómo calcularlos para determinar la fecha en que podrías retirarte y empezar a vivir bajo tus propios términos, formando así parte de la clase “superior”, aunque exteriormente no lo parezca. 
 
Secretamente deseamos el aprecio de la sociedad, pero debemos poner ese deseo en su lugar. El amor del mundo puede encontrarse también en actos de bondad, en logros académicos, científicos, intelectuales, deportivos, artísticos, y otros proyectos que requieren un tiempo y dedicación de los que no dispondrás si te dedicas a exhibir tu opulencia. 
 
Y cuando el amor del mundo nos es negado, es más fácil aprender a vivir sin él, a valorarnos en solitario, que sacrificar ante el altar de la opinión de otros todo nuestro dinero, futuro, tranquilidad y bienestar. 
 
kgb 
Aclaración:
El contenido mostrado es responsabilidad del autor y refleja su punto de vista.
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