Una inflación muy baja no es para celebrarse tanto

Si la deflación se contagia de Asia y Europa al resto del globo, la economía mundial se enfrentaría a tres graves problemas en el corto plazo. Foto: Photos.com

Economía Real

Alejandro Tlacaélel Ramírez De León

Economista (Drogas y Desarrollo Regional) CIDE-UNAM. Colaborador de Paradigmas.

Los bajos niveles de inflación presentes en países como México han sido considerados como una victoria por parte de las autoridades económicas en su esfuerzo por dar estabilidad nominal a las economías. Sin embargo, más que una señal positiva, los bajos niveles de inflación parecen estar apuntando a una insuficiencia de demanda agregada en dichas economías, ante lo cual la política monetaria parece haber alcanzado su límite de capacidad de acción.

En septiembre del año pasado, en este mismo espacio, analizamos las semejanzas entre los procesos deflacionarios de la actual crisis con las crisis de los años 30 y la japonesa de los 90. Hoy, casi seis meses después, la situación en Asia se mantiene más o menos igual, mientras que en Europa parece empeorar. En la zona Euro, la inflación de enero fue de 0.3%, y febrero fue de -0.2%, el nivel más bajo desde septiembre de 2015, cuando fue de 0.1 por ciento.

Como ha pasado en las crisis anteriores, es fácil que la crisis en una región dominante del mundo se contagie al resto del globo (la actual crisis inició en 2008 en EU, pasó a Europa y para 2010 ya era un problema global). Si éste fenómeno se repite con la deflación, y se contagia de Asia y Europa al resto del globo, la economía mundial se enfrentaría a tres graves problemas en el corto plazo.

El primero en el campo práctico; a pesar de que varios bancos centrales (Japón, Suecia, Dinamarca, Suiza) han implantado políticas heterodoxas de tasas interés negativas a los depósitos que les hace la banca comercial, la Fed y el Banco Central Europea se han mostrado renuentes a instrumentar políticas tan agresivas. Mientras más tarden en moverse hacia ese tipo de políticas, es posible que los beneficios de éstas disminuyan.

El segundo problema se encuentra en el campo teórico, pues un problema en el que no se ha ahondado lo suficiente es la deflación y las opciones de política ante ella, incluso dentro de la teoría keynesiana.

El tercero es una combinación de ambos campos, pues sobre todo en la Zona Euro, sigue vigente el discurso de que el gasto excesivo de gobierno fue detonador de la crisis, y se propone a la austeridad como solución. No está de más señalar que gran parte del gasto “excesivo” por parte del gobierno fue consecuencia del rescate financiero de 2008.

La situación de Japón es particularmente grave, pues a pesar de haber adoptado políticas monetarias sumamente agresivas  no ha sido posible resolver el problema de la deflación y del bajo crecimiento económico. Es una referencia importante para vislumbrar los efectos en la economía mundial si los procesos deflacionarios continúan extendiéndose.

En este escenario, es necesario comenzar a explorar nuevos argumentos teóricos y evaluar con mayor seriedad los propuestos por la heterodoxia con el fin de poder encontrar una salida definitiva a la situación de estancamiento iniciada tras la crisis de 2008. 

Nota final: En el artículo del pasado septiembre también mencionábamos que era de esperarse que los bancos centrales de las principales economías del mundo mantuvieran en niveles históricamente bajos sus tasas de interés. Si bien esto no se cumplió al pie de la letra, pues tres meses después, la Fed anunció un incremento paulatino de sus tasas de interés. Sin embargo, menos de un mes después la Fed corrigió y anunció que ese ciclo de incrementos de la tasa de interés sería más moderado e incluso podría no ocurrir, dependiendo de la evolución del empleo y de la producción. 

 

*gl

Aclaración:
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