Regresó Videgaray

Sin duda, el presidente Peña tomó la decisión adecuada al nombrar a un hombre que ya construyó un puente con el próximo Presidente de nuestro principal socio comercial.

Una de las grandes deformidades de los tiempos actuales es que la legión de imbéciles en las redes sociales, como los definiera Umberto Eco, se encuentran total y absolutamente sobrevalorados.

La opinión en su inmensa mayoría muy desinformada y siguiendo tendencias en la mayoría de los casos de noticias falsas y/o manipuladas está totalmente sobrevalorada y algunos políticos se guían en ellas como si las masas fueran infalibles y realmente representaran las mejores causas.

Cuando comenzaba la administración de Enrique Peña Nieto absolutamente nadie dudaba que Luis Videgaray no sólo era uno de los dos personajes más cercanos al Presidente de la República sino que, además, tenía muy amplias posibilidades de ser el siguiente candidato del PRI para ocupar el máximo cargo político del país.

Los modos del entonces secretario de Hacienda estaban muy lejos de ser convencionales o aceptables para sus interlocutores políticos y empresariales. Hace no mucho tiempo le informé en esta columna cómo había cambiado la impresión de los banqueros hacia él y que alguno de ellos bromeaba diciendo que lo normal es que al principio se dé la luna de miel y después vengan los problemas.

Con Videgaray fue al contario. No recibía a banqueros o empresarios y cuando lo hacía tenía un estilo altamente cortante que, algunos con buena voluntad, querían verlo como altamente ejecutivo cuando, en realidad, era soberbio.

El balance de este hombre como secretario de Hacienda difícilmente pudo ser mejor, ya que no sólo fue una pieza fundamental en el proceso legislativo de las reformas estructurales sino que, además, en su instrumentación.

La Reforma Financiera no sólo fue un gran avance legislativo, sino que se encargó de aterrizarla con reuniones con los banqueros en las cuales atendían puntos específicos, como lo fue el ajuste a la subrogación de hipotecas.

ALZADO

Dentro y fuera del gabinete la impresión de muchos sobre Videgaray fue que se trataba de un hombre soberbio y con poca habilidad para las cuestiones políticas. Así, se convirtió en una presa fácil de los linchamientos, especialmente mediáticos, por una intención genial que hoy rinde frutos.

Como lo publiqué el 9 de septiembre del año pasado en esta columna, mientras había quienes se sentían ofendidos por las declaraciones del entonces candidato Donald Trump y querían insultos, venganzas y millones de tonterías más. Videgaray comprendió mejor que nadie la importancia de tender puentes con el aspirante republicano en lugar de ahondar en las diferencias y generar mayor tensión.

Para muchos, la decisión de invitar a Trump fue un error verdaderamente grave cuando, en realidad, se trataba del camino correcto.

Tal y como publiqué en aquella columna de principios de septiembre, si se pensaba que Trump estaba desinformado, pues la manera de que cambiara su percepción no era a través del pleito sino del diálogo respetuoso.

El haber hecho esta recomendación al Presidente de la República le costó el trabajo a Videgaray como secretario de Hacienda, así como su automática descalificación como aspirante a la Presidencia de la República en 2018.

Debe haber sido un golpe verdaderamente profundo para su ego, puesto que un hombre inteligente dejó la administración pública (ahora sabemos de manera temporal) ante una oleada de insultos y agravios en su contra.

REGRESO

Cuando anunció su renuncia como secretario de Hacienda, Trump publicó en Twitter elogios para Videgaray, que únicamente confirmaban lo que algunos pocos sabían: Que la relación entre el ahora secretario de Relaciones Exteriores y el círculo más íntimo de quien en algunos días más asumirá como Presidente de Estados Unidos es muy cercana, íntima podría decirse.

Desde aquellos días en los que la tendencia era ofenderse por los dichos de Trump y acusar hasta de traidor a la patria al hombre que hizo una gran recomendación viendo con una gran cantidad de jugadas el tablero de ajedrez, yo sostuve en todos los espacios en los que participo (desde que algunos no le daban ninguna posibilidad al candidato republicano de ganar) que en caso de que Trump ganara, el movimiento lógico sería nombrar a Videgaray como secretario de Relaciones Exteriores o, por lo menos, embajador de México en los Estados Unidos.

Sin duda, el presidente Peña Nieto tomó la decisión adecuada al nombrar a un hombre que ya construyó un puente con el próximo Presidente de nuestro principal socio comercial. Desde el punto de vista personal, Videgaray llega mucho más consolidado y humilde, lo que sin duda será un gran activo en este momento de incertidumbre.

 

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