Río revuelto en Washington

Será preciso reescribir el refrán “a río revuelto, ganancia de pescadores”, pues en el caos con el que se maneja la Casa Blanca de Trump parece que habrá puros perdedores. El barullo es mayúsculo y las broncas entre la burocracia, los pocos miembros del gabinete confirmados  del Presidente son terribles.

Este gobierno se puede dividir en tres grupos: los fanáticos cercanos a Trump, como el general Michael Flynn, exasesor de Seguridad Nacional cesado el lunes pasado; Steve Bannon, principal estratega, y Steve Miller, su ayudante, quien se dice fue el autor del aciago discurso inaugural y las órdenes ejecutivas al vapor, de legalidad dudosa, algunas de las cuales ya han sido atajadas por las cortes.

Los errores y las mentiras generados por esta gente se acumulan en volumen y velocidad, ya se siente la presión para que corran a Miller por su total desdén por las leyes vigentes, pues la salida de Flynn se dio por mentir sobre la conversación que tuvo con el embajador ruso en EU, aunque, también, corre la versión que se trató de una venganza de la CIA contra él.

El segundo grupo, integrado por delirantes proteccionistas, será liderado por Wilbur Ross, secretario de Comercio, y se integra por Robert Lighthizer como negociador comercial (USTR), y Peter Navarro, furibundo demagogo que dijo la sandez que Alemania se aprovecha de EU al forzar un euro débil frente el dólar.

No se sabe cómo va a trabajar este equipo ni qué va a hacer quien, pero su mandato es renegociar todos los tratados comerciales vigentes para que favorezcan a EU, concepto definido infantilmente como la eliminación de los déficit comerciales, lo que es imposible cuando prevalece el libre comercio.

El tercer equipo es el que hará la política macroeconómica, con la encomienda de bajar los impuestos para estimular la inversión y el gasto privados, al tiempo que se emprende una campaña de gigantesco gasto público sustentada en mayor deuda gubernamental, a partir del enorme nivel que ya tiene hoy cercano al 100% del PIB. Sus integrantes son Gary Cohn que preside el Consejo Económico Nacional, Steven Mnuchin, secretario del Tesoro, y Mick Mulvaney, secretario de Gestión y Presupuesto. Los dos primeros fueron altos funcionarios de Goldman Sachs  y los tres tienen el nada envidiable encargo de hacer que cuadren metas.

El fulminante despido de Flynn y las confusas versiones de su salida en la Casa Blanca acreditan que nadie está a cargo de priorizar, dirigir y coordinar las acciones del Ejecutivo para que las piezas del gobierno actúen en sintonía y se eviten los errores garrafales que se están dando a diario.

En la Casa Blanca sabían desde hace semanas los detalles de la plática de Flynn con el embajador ruso antes de la toma de posesión, cuando no tenía autoridad para comprometerse a eliminar las sanciones aplicadas a ese país por el gobierno de EU, y a sabiendas que violaba la ley y que le había mentido al vicepresidente Mike Pence, no se hizo nada hasta que el Washington Post reventó la historia.

A la total anarquía de este gobierno, y por si no hubiera quedado suficientemente clara su especial animadversión contra México, se suma que en la visita del Primer Ministro de Canadá Justin Trudeau, Trump se comprometió a que con ese país no habría muro sino muchos puentes y más comercio. Más claro ni el agua.

Dadas las circunstancias y hasta que esta administración logre integrar un régimen funcional, me parece que lo más sensato para el gobierno de México es mantenerse lo más lejos posible de Trump, al tiempo que se labora con vigor con nuestros aliados en el Congreso, gobernadores y alcaldes, y el sector privado.

¡Las apuestas que Trump no termina su mandato de 4 años ya están 11 a 10, según Ladbrokes de Londres!

 

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